(12/07/2001) Barcelona - En el Festival Grec de Barcelona, los únicos que sufren algún imprevisto no son los catalanes. Ayer hubo un tema que preocupó a la delegación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y no tuvo precisamente relación con el festival. Los conflictos del Colón, en apariencia inacabables, cruzan el océano a través de llamados a teléfonos celulares, y un nuevo tema puso en alerta a los funcionarios de la Secretaría de Cultura presentes aquí, empezando por su jefe, Jorge Telerman.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ahora, los bailarines del Ballet Estable del Colón se oponen a que exista una edad máxima para integrar los elencos, un tema evidentemente complicado (Vassiliev y otros monstruos, por caso, continuaron haciendo piruetas mucho más allá de los 50 años, pero reconozcamos que no es lo más común).
Alguien dijo en Barcelona: «Es como que los jugadores de fútbol le exijan a la FIFA seguir cobrando hasta los 70 años. Hay un tope de edad en el que el físico no responde de la misma manera que a los 20. Es una razón puramente física». Comentaban que la edad máxima debería rondar los 35 y que no se justifica que, una vez superada, continúen cobrando un sueldo que va de 3.000 a 4.000 pesos, por ensayar una vez por semana. Seguramente habrá derivaciones de este tema.
Para ir a lo específico del festival, el imprevisto catalán lo protagonizó Joaquín Sabina. Si hay un artista que está desorganizando las funciones y desubicando sistemáticamente a los responsables del Grec es Sabina. El madrileño debía haberse presentado la semana pasada, pero, según gente de su círculo íntimo y que parece apreciarlo, estaba agotado por los shows que había ofrecido en su ciudad. Allí, estaba previsto que tocara junto con Joan Manuel Serrat, pero, ante los problemas de salud que aquejaron a Serrat, Sabina hizo solo el recital.
Sin embargo, otros, más enojados, atribuyen sus desplantes al exceso de vino. En un gesto componedor, el director del festival, Borja Sitjá, anunció anteayer por fin que Sabina había llegado a Barcelona y recitaría poemas esa noche. Sus seguidores lo esperaron, pero «Joaquinito», como le gusta llamarse, dejó pagando al público y a los organizadores del Grec. Lo curioso fue que Adriana Varela, que iba a participar del recital, se enteró por videochat de que su amigo Sabina (también compositor de un tema de su último disco) desistía del espectáculo. Fue ella quien comunicó la noticia a los responsables del Grec.
Finalmente, una referida a celos femeninos: luego del debut de Kleines Henwein en la sala Beckett, los comentarios giraron en torno a la actriz Belén Blanco, tal como sucedió en Buenos Aires. La delegación argentina (en especial, la masculina) se mostró seducida por la joven actriz (por su belleza, además de por sus dotes actorales) y la defendió de las opiniones femeninas, que no siempre fueron tan elogiosas. En realidad, casi nunca.
El festival continúa desarrollándose, en Barcelona, a todo ritmo. En realidad, una de las pocas sombras, y para los argentinos, son los viajes en avión, que siguen siendo un dolor de cabeza para quienes regresan a Buenos Aires por Iberia. Los Macocos quedaron el lunes varados en Madrid por la huelga, y son varios los argentinos que tienen pasaje de vuelta por esa compañía.
Dejá tu comentario