12 de marzo 2003 - 00:00

Grosbard: "Kazan me enseñó todo"

Mar del Plata. Enviado especial - Todo parece fácil para el director norteamericano Ulu Grosbard, director de «Confesiones verdaderas» y «Enamorándose»; inclusive, hablar castellano tras casi cuarenta años de no practicarlo. Es jurado en Mar del Plata y dialogamos con él:

Periodista:
¿Es cierto que fue tallador de diamantes?

Ulu Grosbard: Mi hermano y un amigo tenían un taller en Alabama, con obreros cubanos. Como no me gustaba la escuela, aprendí con ellos el oficio, y trabajé cuatro años, hasta aburrirme. Decidí entonces ser director de teatro, fui a la Universidad de Chicago, luego el servicio militar (cuando ya estaban por mandarme a la guerra de Corea se firmó el armisticio), y, al fin, teatro. Un amigo me habló de los teatros de verano, fuera de las grandes ciudades. Su padre tenía uno, no demasiado lejos de Nueva York. Así empecé, con «Panorama desde el puente», y dos jóvenes actores que ni siquiera conocían Nueva York: Gene Hackman y Robert Duvall. Cuando fuimos, en otoño, Hackman me presentó a Dustin Hoffman, su compañero de estudios en Pasadena. Y ahora una sorpresa...


P.:
Dígame.

U.G.: ¿Sabía que China Zorrilla fue nuestra secretaria en Nueva York? Ah, nunca sabe uno con quién se va a encontrar a la vuelta de la esquina. Era linda, muy linda, y muy graciosa. El domingo próximo, pienso ir a verla en el teatro donde está haciendo «De la ceca a la meca». Fue una buena época, pero por razones económicas pasé a trabajar también en cine, primero como mensajero, meses después como asistente de dirección.


P.:
¿Qué aprendió viendo dirigir a Robert Rossen, Elia Kazan, Robert Wise, Sidney Lumet...?

U.G.:Aprendí lo más importante de Elia Kazan. Cómo crear una atmósfera de relax para los actores y los técnicos. Cuando la gente está tensa no puede trabajar bien. Eso es fundamental. Después, cuando tuve éxito como director de teatro, me ofrecieron hacer películas. Tuve un gran éxito en Broadway, «El tema eran las rosas», lo llevé al cine, con el mismo elenco, y también fue un éxito. Patricia Neal y Jack Albertson fueron nominados al Oscar, y Jack lo ganó. El papel del hijo, recuerdo, lo hacía Martin Sheen, que estaba debutando.


P.:
Usted sabe hacer lucir a los actores.

U.G.: Bueno, si tienes la fortuna, como yo, de trabajar con Hoffman, Duvall, Meryl Streep, Robert De Niro, gente como ésa, es bastante fácil. Si ellos captan lo que quieres, los personajes son buenos, el guión es bueno, todo es muy fácil. Lo difícil para un director es cuando el actor no tiene tanto talento. Pero una vez, una sola, debí echar a un reemplazante en una pieza de teatro.


P.:
Apelando a su oficio de tallador de diamantes...

U.G.: Hay dos cosas importantes en el tallado: los detalles (son miles, y cada uno es importante), y lo que quiero conseguir con la obra. Hay que comprender el tema. Con detalles solos, no va.Y el actor es también como la madera: si no cortas siguiendo la veta, la quiebras. El buen director debe reconocer la veta que mejor luce su actor.


P.:
¿Cuál fue su película más difícil?

U.G.: «Libertad condicional», porque debimos improvisar.


P.:
¿Experimentaban filmar sin guión?

U.G.: Dustin Hoffman me llamó. Ya había alquilado los equipos, contratado los técnicos, todo, pero tenía un guión malísimo. Eso pasa muchas veces. La estrella tiene una fecha y debe cumplirla, lo cual es muy estresante, porque no sabes si el film tendrá lógica. Y a veces, con guión, tampoco se sabe. Cuando empiezas a filmar, lo que parecía menos bueno es más emotivo, y viceversa. En la edición te sorprende. Como si fuera un personaje de Pirandello, el film te está diciendo lo que quiere ser. Y debes respetar esto.

P.: Y en vez de decir «hice una película», dirá «me salió...»

U.G.: Me salió. Sí, cómo no. Las ideas y la realidad son diferentes.


P.:
Esa y la anterior que hizo con Hoffman, «Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?», y luego «Confesiones verdaderas», hablan de personajes autodestructivos. ¿Podemos decir que ése es el tema principal de su cine?

U.G.: Pues, de verdad, somos capaces de hacernos más daño que el que los otros nos harían. Pero no sé si ése es el tema. Yo descubro que me siento atraído por historias familiares, esas relaciones muy cercanas que, de un día para otro, descubres que no las conoces. Por ejemplo, en «El lado profundo del mar», qué pasa entre los padres cuando el niño se pierde, qué pasa con el niño cuando vuelve. La personalidad, la identidad, son tan frágiles, maleables.


P.:
Repasando sus películas, «Enamorándose», la más popular, es la única con final feliz. ¿Se lo impusieron?

U.G.: No, fue una decisión propia. Es una historia romántica, una película de género, termina en Navidad, De Niro y Meryl Streep forman pareja, tenía que terminar bien. Pero ese final es un poco fantasía, ¿no?


P.:
Ultima pregunta. ¿Cómo le resulta el trabajo de jurado?

U.G.: Ah, eso sí que es difícil.

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