«Lágrimas del sol» («Tears of the sun», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: Antoine Fuqua. Int.: Bruce Willis, Monica Bellucci, Cole Hauser, Fionnula Flanagan, Tom Skerritt, Cole Hauser.
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I gual que «La caída del halcón negro», esta película de guerra narra una intervención de tropas norteamericanas durante un conflicto interno en Nigeria. Obviamente, también la misión que debería ser relativamente sencilla se complica poniendo en serio riesgo a los protagonistas. Sin intentar el menor compromiso con la corrección política, Ridley Scott se basó en un suceso real para lograr un hito dentro del género: el primer film que describió adecuadamente situaciones de guerra según los cánones modernos de fines del siglo XX.
En cambio, Antoine Fuqua (el talentoso realizador de «Día de entrenamiento» con Denzel Washington), intentó quedar bien con dios y el diablo, algo que en la ficción puede salir más o menos bien -sobre todo si lo intenta Bruce Willis-pero que en la vida real no es posible.
•Buenas intenciones
«Lágrimas del sol» no convence como alegato bien intencionado, es desparejo como film bélico -no se dispara un tiro durante casi media película-, y con su acumulación de clichés no logró otra cosa que hacerle perder un par de docenas de millones dólares a sus productores. Un espectador que espere una visión mínimamente rigurosa de un operativo militar durante una guerra civil, o alguna reflexión seria sobre el intervencionismo estadounidense, llorará de decepción. El público menos pretencioso que sólo quiera ver al héroe de «Duro de Matar» liquidando soldados enemigos -unos individuos realmente malísimos, al punto que el militar que acosa con sus tropas a los protagonistas se apellida Sadique-llorará de aburrimiento. Y ni hablar de aquel iluso que espere, aunque sea, ver a la bomba sexy Monica Belluci cambiando su vestuario de médica sacrificada por algo más cómodo.
Como dijimos, hay que esperar hasta bien entrada la segunda mitad de la película para que alguien dispare un arma, y para cuando Bruce Willis decide desobedecer órdenes directas a fin de salvar a los pacientes de la Belluci, ya no quedará ni una pizca de credibilidad en este drama que intenta ser políticamente correcto, pero finalmente sólo es hipócrita (igual que la insufrible world music de un Hans Zimmer en su nivel más bajo).
Sin embargo, no todo está perdido: Antoine Fuqua filma muy bien, y hay un par de intensas escenas de combate realizadas con buenos climas visuales y un tono fatídico digno de un producto más coherente que esta olvidable lágrima que presenta como héroe a un soldado americano que para liberar a 20 nigerianos no tiene problemas en liquidar a veinte mil.
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