Presentación de «A través del mar de los sargazos». Actuación de Skay Beilinson (voz, guitarra). Con C. Quartero (bajo), D. Colombres (batería), J. Lecumberry (teclados) y O. Reyna (guitarra). (El Teatro, 7 y 8 de marzo.)
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No se trató de un estadio para el que se necesita de un enorme despliegue policial, ni estuvo la banda legendaria que ya ha entrado en la historia grande el rock en Argentina.
Faltaba la voz inconfundible de Carlos «El Indio» Solari. Pero El Teatro -una vieja sala de cine convertida en escenario de shows rockeros-vibró con la temperatura y la emoción de cualquier espectáculo ricotero.
Estuvo entonces el espíritu de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, pero no el de las últimas épocas, ése que obligó a la banda a recluirse en espacios enormes -valga la paradoja-y a tocar muy de vez en cuando, sino aquel que los caracterizó en los orígenes, cuando todavía no eran un grupo masivo y tocaban en pequeños pubs o lugares alternativos de La Plata o Buenos Aires. Skay Beilinson es uno de las puntales de ese proyecto que compartió durante largos años con Solari (¿volverán a juntarse algún día?), y sigue siéndolo desde su proyecto solista, que quedó plasmado en el excelente disco «A través del mar de los sargazos», que tuvo su presentación en sociedad en Mar del Plata y Santa Fe y que final-mente recaló en la Capital.
La puesta en un espacio de medida más humana -aunque el calor agobiante y el espacio reducido hicieran que las 2500 personas apretujadas no estuvieran en las mejores condiciones para escuchar y ver de la mejor manera-permitió disfrutar de Skay a pleno.
El estupendo guitarrista desplegó su talento, con su voz grave y aguardentosa (un poco Tom Waitts, otro poco Lou Reed, otro poco Keith Richards), respaldado por un cuarteto de acero. Pasaron del rock furioso al cabaret berlinés, con un repertorio que incluyó todo el material de su álbum y unas cuantas nuevas versiones de piezas ricoteras: «Roto y mal parado», «Caña seca y un membrillo», «Nenenena», «El infierno está encantador esta noche», «Kriminal Mambo», «La bestia pop», «Ji-ji-ji», «Ñam fri fru fi», «Nuestro amo juega al esclavo», muy bien recicladas desde la nueva tonalidad y con una actitud más teatral.
Y en la multitud que colmó El Teatro se mezclaron los cuarentones que siguen a Los Redondos desde sus comienzos y que festejaron esta suerte de «volver a vivir», con los jóvenes que sólo conocían la versión más masiva y que, a juzgar por la actitud festiva que acompañó las dos horas de show, están más que conformes con este Skay solista que los obliga a escuchar su música favorita pero reciclada hacia lo esencial, sin más artilugios que la música y las letras.
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