Matisse lideró la escuela de los llamados «fauvistas». El
precio más alto pagado por una de sus obras fueron 18
millones de dólares el año pasado.
Considerado por muchos el padre del arte moderno, Henri Matisse es el mayor colorista sin ninguna duda. Nació en el norte de Francia el último día de 1869. Su familia se dedicaba al negocio de granos y su destino estaba en el derecho por deseo paterno. Estudió tres años y llegó a ser ayudante de abogados.
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Luego de una enfermedad que lo postró un tiempo, comenzó con el arte recién a los 21 años, siendo su maestro William Bougereau, que era la estrella de los salones de París y denostado por los impresionistas. Continuó estudiando con Gustave Moreau y son sus colegas y amigos Roualt y Marquet.
En el Salon de Otoño de 1905, un crítico llamado Louis Vauxelles se escandalizó frente a un grupo de pintores que no respetaban la perspectiva ni las sombras y además utilizaban colores vibrantes y hasta agresivos; fue por ello que manifestó que dicha sala del salón era un rincón de fieras («fauves»). Queriéndose burlar de ellos, dio nombre al movimiento que duró menos de cinco años, pero que tuvo en Matisse al mayor representante. Los fauvistas fueron Braque, Derain,Vlaminck y Dufy, entre otros, quienes generalmente pintaban en el sur de Francia, en la frontera con España.
En sus primeros años de pintor, Matisse vivió durante una década copiando obras célebres en el Museo del Louvre para el Ministerio de Cultura de Francia, que las distribuía en las colonias o museos del interior. En 1908 realizó una exposición en Nueva York, un mercado que siempre demandó sus obras, e incluso su hijo Pierre se convirtió en uno de los mayores marchands de dicho mercado, representando entre otros a Miró y Balthus.
La filosofia del arte de Matisse se expresa de manera clara y sencilla: «Sueño con un arte de equilibrio, de tranquilidad, parecido a un buen sillón», dijo una vez. Algunas de sus mayores obras fueron encargos de grandes coleccionistas rusos, como Schukin, quien le comisionó dos de sus obras más importantes y logradas: «La danza» y «La música», dos clásicos del arte universal.
Su obra es color puro, estridente, sin sombras, sin matices medios. No le interesa el detalle ni la perspectiva; el valor supremo es el color. En los últimos años de su vida, los éxitos son monumentales: retrospectivas con trescientas obras, premios en la Bienal de Venecia y una vida apacible en Niza.
Cerca de 500 grabados realizó en su vida y también miles de dibujos resueltos con rapidez y gracia.
El año pasado el volumen de ventas en subastas fue de 60 millones de dólares, y su mayor precio fue por un desnudo de 66 x 92 cm. vendido hace un año en 18 millones de dólares. Cerca de diez obras se han vendido en más de diez millones. Dentro de este mercado internacional de arte, que todos los días nos da sorpresas, Matisse es de los artistas que pueden incrementar notablemente sus precios, a diferencia de la mayoría de los más reputados que están en precios demasiado altos.
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