12 de junio 2003 - 00:00

"HERENCIA DE FAMILIA"

Escena del film
Escena del film
«Herencia de familia» («It Runs in the Family», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: F. Schepisi. Guión: J. Wigutow. Int.: M. Douglas, K. Douglas, C. Douglas, D. Douglas, R. Culkin, B. Peters.

"Herencia de familia" da fin a la larga búsqueda de Michael Douglas de un guión que le permitiera trabajar, por primera vez, junto a su padre. Ya que estaba -y dado que él mismo produce asociado con su hermano-aprovechó también para incluir en el reparto a su mamá (Diana Douglas, que aunque divorciada de Kirk hace decenios conserva el apellido y, según parece, una relación civilizada) y a su hijo Cameron. Si bien todos ellos tienen el mismo parentesco en la ficción, se supone que ahí terminan las semejanzas con la realidad, ya que la familia ficticia también está compuesta por la esposa de Michael (interpretada por Bernardette Peters, no por Catherine Zeta-Jones) y otro hijo prepúber (Rory Culkin, cuya familia, como dijo un crítico norteamericano, bien merecería una película).

Sin embargo, el posible atractivo de esta comedia dramática hiperconvencional sobre los problemas intergeneracionales de una familia ¿típica? norteamericana, estaría en las supuestas subyacencias de la auténtica vida de los Douglas que el proyecto propicia, siempre y cuando el espectador quiera jugar a creérselas.

Por lo demás, el film es un cóctel de fórmulas -éstas sí, típicamente hollywoodenses-, donde Kirk Douglas, el patriarca de la familia Gromberg, es un viejo atrabiliario que, como el actor, tiene dificultades en el habla producto de una reciente hemiplejia. Michael encarna al hijo que heredó un despacho en el exitoso estudio legal fundado por su padre, pero busca diferenciarse apoyando causas populares y trabajando de voluntario en un comedor comunitario, donde es acosado sexualmente por una bella latina, mientras lavan los platos. El hijo-nieto mayor, Cameron Douglas, prefiere sacar provecho de su plantación de marihuana antes que concentrarse en sus estudios. Y el niño Culkin es un bicho raro que elige para sus primeros escarceos amorosos a la chica más «escandalosa» del grado.

Pese a su oficio, el director Fred Schepisi consigue muy raramente darle credibilidad a un guión que desarrolla y resuelve, en vuelo rasante, todos los asuntos mencionados, les suma un par de muertes (hay una ceremonia fúnebre increíble) y dos o tres escenas entre emotivas y jocosas compartidas por los Douglas más famosos, siempre para llegar al mismo punto: la incomunicación entre gente que sólo debe aprender a quererse bien. El final indicaría que van camino a lograrlo. Eso es todo.

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