3 de noviembre 2005 - 00:00
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Rául
Etchelet,
autor del libro
y director de
«La película
de Niní», con
Angelita, hija
de la actriz.
Periodista: Empecemos por una pregunta indiscreta. ¿cómo logró ese momento en que Angelita, hija de la actriz, lee las cartas de su madre?
Raúl Etchelet: Con Angelitanos encontramos cuando yo le propuse participar en el documental y ella no sabía qué iba a hacer. Yo no quería muchos testimonios, solo hay cuatro, y pensé que ella podría ayudarnos a contar el exilio de Niní en México leyendo sus cartas. Así se lo dije, le gustó y lo hicimos. Grabamos muy distendidos una tarde en la plaza frente a su departamento, charlamos mucho sobre Niní, hablamos de cómo ella vivió el alejamiento de su madre cuando era tan joven, viéndola una o dos veces al año, me regaló unas cartas de Niní, creo que lo emotivo del encuentro hizo el resto.
P.: ¿Por qué tanto el libro como el film comienzan diciendo «De lo que voy a contar no fui testigo»? Suena como una oculta declaración de principios.
R.E.: En verdad la Niní que descubrí viene de las revistas, de los diarios, de los testimonios, de las películas, son otros los que reciben la impresión de primera mano, la mayoría gente a la que no conocí, y me pareció la mejor manera de aclarar las cosas desde el principio. Es como decir, «permítanme contarles lo que me contaron». Sí, es una oculta declaración de principios.
P.: Libro y película hilvanan la historia de la actriz con la del país, y también, de modo discreto, con la historia de usted y su familia.
R.E.: Creo que se fue hilvanando sola. No podía contar lo que le pasó a ella sin contar lo que le pasó al país donde ella vivía. Cómo explicar su llegada, su vida en la radio, sin contar lo que significó la radio para toda la sociedad.Al recorrer esas páginas desde 1932 en adelante, día por día, viendo las fotos y publicidades, teniendo en mis manos los diarios de cada día tal cual los habrá tenido otra persona en el mismo momento en que salían a la calle, no tuve escapatoria. No estaban el golpe del 43 o la plaza del 45 en imágenes de un libro, los tenía en el diario del día. Lo mismo cuando comencé a descubrir a la Niní de los comienzos como «cantante internacional» en pequeños comentarios (muchas veces con el nombre mal escrito) de «Antena» o «El Mundo».
P.: Allí se formó cierta imagen del país de entonces.
R.E.: Era imposible no ver ese país que me habían contado, además escrito con el estilo de la época. Si no contaba cómo era el paisaje donde se desarrollaba la historia me quedaba sin historia, no hubiera podido identificar luego a sus personajes con la sociedad que los vio nacer y crecer. En cuanto a la manera en que empezaron a aparecer imágenes de mi familia en el libro, no fue muy conciente, pero las fotos de aquellas revistas con las damas de grandes sombreros o los hombres engominados y de traje obligatorio me trajeron recuerdos de los bailes de mi pueblo, toda esa ceremonia de seriedad que siempre me dio un poco de gracia. Algunas partes del libro, que ironizaban bastante sobre aquella época, según mis recuerdos de niño, fueron quitadas en las últimas correcciones, y las guardé para otro trabajo.
P.: ¿Qué esfuerzo y qué suerte le demandó la búsqueda de material, cuyos derechos suponemos que están en diversas manos, y cuyo estado también suponemos diverso?
R.E.: La mayoría estaba en manos de Carmelo Santiago hijo, quien pacientemente, durante años, buscó, pidió, juntó la mayoría de los trabajos de Niní en cine y en televisión. Héctor Argente, reconocido investigador, desde México nos encontró «Una gallega en La Habana», que Carmelo no hallaba, y había producido su padre. Claudio España pensó que una entrevista que le hizo a Niní estaba en el Enerc y acertó. El también encontró en su videoteca la última actuación de Niní, que Antonio Gasalla buscó por todos lados para dárnosla y que se supone desaparecida de Canal 7. Mucha otra gente colaboró también acercándonos programas de mano, recortes, afiches.
P.: A propósito, ¿en qué estado se encuentra la conservación del material televisivo en nuestro país?
R.E.: No sé el que tienen los canales, pero no veo que hagan trabajos como éste, supongo que porque demandan demasiada investigación y demasiado tiempo. Lo que nosotros recuperamos estaba más o menos bien, y lo pudimos usar con una buena limpieza de audio. Carmelo, por ejemplo, tenía recuperado desde hace muchos años un programa por el que tuvieron que hacer andar una maquina cuadruplex, que hoy ya no funciona.
P.: ¿Cómo fue todo ese trabajo de recuperación y limpieza de las copias usadas, para conseguir que se vean y, sobre todo, se oigan debidamente? ¿y en qué salas se oye mejor?
R.E.: Primero elegí las escenas que suponía que quedarían en el documental, luego el editor Matías Murgia las trabajó una por una limpiando audio y mejorando el video. También hubo que retocar todo el fílmico, para que adquiriera una textura similar. Se escucha mejor en una sala chica, donde el audio no necesita mucho volumen.
P.: ¿Es cierto que ahora vienen un libro y un documental sobre Amelia Bence?
R.E.: Lo de Amelia Bence es una autobiografía, en la que he colaborado, y ya está terminada desde hace dos años, esperando que le llegue el momento de su edición. Pero ahora sería realmente muy bueno poder contar la historia de Amelia en un documental con su propia voz. Veremos.
Entrevista de Paraná Sendrós




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