De Havilland: el adiós de la última estrella clásica

Espectáculos

Vivió siempre enfrentada a su hermana, Joan Fontaine.

Olivia de Havilland, última estrella del Hollywood de la edad de oro e integrante del elenco del legendario, y hoy cuestionado film “Lo que el viento se llevó”, murió ayer a los 104 años en su residencia de París. Vivía allí desde hace más de seis décadas. La actriz murió “por la noche, en paz mientras dormía”, según Entertainment Weekly. La actriz sobrevivió a dos guerras mundiales, a varias crisis nucleares y hasta a su coetáneo Kirk Douglas, que se fue unos meses antes. Y a Joan Fontaine, esa hermana menor con quien mantuvo una rivalidad histórica que empezó por diferenciarse hasta en el apellido. “Me casé primero, gané un Oscar primero, tuve un hijo primero. Si me muero, ella estará furiosa porque otra vez le habré ganado”, se jactó Joan Fontaine en una entrevista y lo logró, pues murió antes que Olivia, en 2013.

Hija de ingleses, ella y su hermana nacieron en Tokio, pero se criaron en Saratoga con el segundo marido de la madre. Ya adolescentes, entraron al cine, ella con su nombre y apellido real, su hermana con el apellido del padrastro. Así quedó, Joan Fontaine. Había cumplido los 104 el primer día de este mes, cuando esta sección la recordó de esta forma: Olivia alcanzó rápida popularidad como partenaire de Errol Flynn en “Robin Hood” y otros éxitos de la Warner Bros, pero se reveló como actriz en la superproducción de David Selznick “Lo que el viento se llevó”, donde encarnaba a la rival en amores del personaje principal. Ese papel le dio su primera nominación al Oscar. No lo ganó, y encima su hermana pasó al frente como protagonista de dos grandes películas de Hitchcock, “Rebeca, una mujer inolvidable” y “La sospecha”, por la que sí ganó un Oscar.

En compensación, Olivia ganó dos Oscar, por “Lágrimas de una madre” y “La heredera”. Se lució además en “Nido de víboras” (Mejor Actriz en Venecia), “Esta, nuestra vida”, “Mi prima Raquel” y otras buenas.

Con una famosa demanda contra la Warner, que derivó en lo que hoy se llama “Havilland decision”, logró que se acabaran los contratos leoninos de las empresas de cine. Y se casó dos veces, primero con el novelista Marcus Goodrich, y luego con Pierre Galante, entonces editor de “Paris Match”. Por él, y porque Hollywood ya no era el de antes, Olivia se mudó a Francia a mediados de los ’50. Y en 1962 escribió un libro singular, “Every Frenchman has one”, consejos para norteamericanas que quieran tener novio en Europa. Ella tuvo novios, por supuesto: Errol Flynn, James Stewart, John Huston, Howard Hughes. Y dos hijos, Benjamin, que murió por mala praxis en 1991, y Gisele, francesa que hoy vive en Malibú. Cada tanto Olivia volvía a Hollywood, para filmar algunas participaciones especiales, como en “Aeropuerto 77”, o para visitar a su amiga Bette Davis y agradecer a los devotos de “Lo que el viento se llevó”, que todos los años reponían esa película en Atlanta (una costumbre que este año debió suspenderse, por dos razones y no sólo una).

En 1988, tras hacer un telefilm, se declaró jubilada. En el 2000 la reina de Inglaterra le dio el título de Dama. Y en 2003 hizo su última gran aparición pública, cuando, muy elegante y con gran dominio de la escena, presentó en la entrega de los Oscar un homenaje especial al 75° aniversario de la Academia.

Hace apenas dos años demandó a la Fox y otra gente por un telefilm donde Catherina Zeta-Jones la representaba como una persona hipócrita y malhablada, para colmo sin haberle pedido permiso. Y estaba escribiendo -afirmaba- su autobiografía.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario