24 de junio 2003 - 00:00
"Hoy el público no acepta una obra de más de 2 horas"
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Periodista: ¿A qué se debe su interés por Pinter?
Lorenzo Quinteros: Yo trabajo mucho con sus obras en mis clases. Es un autor fundamental para aprender teatro, porque además de escribir excelentemente, sus textos no necesitan ser adaptados, ni hay que cambiar ninguna frase para que el actor pueda incorporarla mejor. En este caso lo único que hicimos fue acortar un poco la obra. Es muy larga y hoy no se puede hacer en tres actos como hace 43 años.
P.: ¿Tanto cambió la percepción del espectador?
L.Q.: Las cosas han cambiado mucho, se vive a otro ritmo y además la TV ha generado en la gente una velocidad distinta de percepción. Hoy en día el espectador no aguanta más de dos horas un teatro de texto, salvo que se trate de un gran espectáculo. Es decir con una parafernalia enorme; si no, es muy difícil mantenerlo interesado.
P.: ¿Respetó la línea argumental de la obra?
L.Q.: Sí. El protagonista es un hombre que vive solo y un día decide traer un mendigo a su casa para ayudarlo. Pero este individuo empieza a apoderarse cada vez más de ese espacio y a generar conflictos con Aston, que fue quien lo trajo, y con su hermano Mick, que rechaza la idea de que un tercero ocupe su lugar. En cierta manera, el mendigo contribuye a que los dos hermanos se reencuentren, pero luego trata de enemistarlos entre sí. Lo que es un gran error, porque cuanto más quiere dividirlos más se unen para expulsarlo de la casa. Este lugar bien puede ser una casa «tomada», abarrotada de objetos que han ido juntando probablemente en la calle. Esa es la anécdota, no hay más que eso. Las piezas de Pinter siempre esconden, detrás de su trama simple, un elemento de misterio. Todo pasa por las relaciones humanas. Los personajes sufren de una gran soledad e inestabilidad afectiva que hacen que sean intolerantes con el otro.
P.: ¿En qué reside la vigencia de «El cuidador»?
L.Q.: El teatro de Pinter hace tiempo que se universalizó y dejó de ser sólo inglés. Cuando yo releí «El cuidador» el año pasado y decidí hacerla, empecé a ver cartoneros por todas partes. Creo que la Argentina ha entrado en una zona de pobreza y de posgue rra que no tenía 30 años atrás. Sufrimos muchos golpes en todo este tiempo, pero fue a partir de la caída de De la Rúa que sentí que esta obra era tremendamente argentina. Fue increíble, de un día para otro salió a la calle un ejército de cartoneros que cambió de golpe la escenografía porteña. Ahora este fenómeno está un poco aplastado, pero en su momento fue impresionante.
P.: ¿Y qué huella cree usted que dejó todo esto?
L.Q.: Todos empezamos a tener una relación con la pobreza más estrecha que antes.Ahora está siempre presente y en todas partes. Además, hay mucha violencia en los diálogos, en las miradas, la gente se mira con desconfianza. Todo el mundo es un posible acechante del otro, por eso me resonó tanto la obra con la Argentina actual. Sus protagonistas viven un presente inmovilizado por un futuro al que no pueden acceder. Es como si tuvieran las manos cortadas, no pueden hacer nada de lo que sueñan o desean y los tres están furiosos. Creo que este Pinter va a llegar al público más que otras veces porque es una obra de gran hondura y alcance social. Parece escrita ahora, porque su gran metáfora es la imposibilidad de concretar proyectos.




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