9 de marzo 2000 - 00:00

"HURACAN"

En géneros poco pretenciosos como la comedia, muchas veces un film se considera eficaz porque cumple su cometido de hacer reír al público, aun cuando en términos cinematográficos no descuelle demasiado. A veces pasa lo mismo en géneros que deberían ser un poco más ambiciosos, como el cine testimonial. Por ejemplo en esta flamante «El Huracán», que, sin ser una gran película, al menos sí consigue su objetivo de emocionar y denunciar un caso de racismo y corrupción policial y judicial.
El caso de «Hurricane» Carter, un boxeador acusado de tres asesinatos con los que no había tenido nada que ver, sólo porque un policía de Nueva Jersey lo odiaba desde su infancia, fue lo bastante conocido en los Estados Unidos como para que Bob Dylan escribiera una canción («Hurri-can e»).
Cuando, luego de pasarse media vida en prisión por un delito ajeno, Carter finalmente quedó libre se convirtió en el presidente de la asociación que defiende a los presos inocentes de los hechos por los que cumplen una condena (también recibió el cinturón de campeón de box en su categoría, que nunca ganó en el ring).
Norman Jewison es un director con una carrera larga y despareja, con momentos brillantes («The Cincinati Kid», «Al calor de la noche»), y esta última película es tan desequilibrada como la trayectoria del realizador. Hay una voz en off que va y viene sin ningún orden y una elección realmente maniquea de qué momentos mostrar en la vida de Carter y cuáles no.
Todo está pensado para llevar al máximo el generar la mayor ternura, lástima e indignación en el espectador, sin importar la estructura narrativa de lo que se cuenta, los cambios de clima o los personajes, que sólo son retratados en forma muy parcial. Tanto, que al final el villano, interpretado en forma caricaturesca por Dan Hedaya, ni siquiera llega a recibir su merecido, convirtiendo el mensaje del film en un peligroso bumerán.
Por eso y varios detalles parecidos, «El Huracán» funciona bien en un nivel superficial, pero no resiste un análisis demasiado serio. De todos modos, tiene dos o tres escenas muy sólidas, una excelente reconstrucción de época y otra de las impecables actuaciones de Denzel Washington, que gracias a este film tan al gusto de la Academia podría convertirse en el segundo actor negro en llevarse a casa un Oscar, después de Sidney Poitier (justamente por «Al calor de la noche», de Jewison, que aquí también convocó para un secundario a Rod Steiger, el otro actor de aquel film).
Otro punto a favor de la película es la atractiva banda sonora, con temas soul de músicos como Ray Charles y Etta James, además de la canción de Bob Dylan, que por supuesto no podía faltar.

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