8 de marzo 2007 - 00:00

Ideal para quienes gustan del derroche de adrenalina

La acción de «Crank. Veneno en la sangre» está a la altura de las necesidades del protagonista,un asesino que no se toma en serio a sí mismo ni hay que tomarlo en serio.
La acción de «Crank. Veneno en la sangre» está a la altura de las necesidades del protagonista, un asesino que no se toma en serio a sí mismo ni hay que tomarlo en serio.
«Crank. Veneno en la sangre» (Crank, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: M. Neveldine y B. Taylor. Int.: J. Stathan, A. Smart, J.P. Cantillo, D. Joakam, C. Sanz, R. Wilson, K. Young.

La excusa argumental es bien básica, y se explica apenas empieza la película: un killer fue envenenado por lo que podríamos llamar celos artísticos, envidia, o simple maldad de un peladito burlón. Le queda poco tiempo de vida, y quiere aprovecharlo descabezando las altas esferas del crimen. Rápidamente, en charla telefónica, su médico deduce qué clase de sustancia le dieron, y le aconseja mantener alta la adrenalina. Es el único remedio posible, hasta encontrar algún antídoto.

Como cabe suponer, y el público anhela comprobar, para cumplir con el consejo médico y con sus propósitos de venganza nuestro protagonista no sólo deberá mantenerse despierto, sino también dormir a unos cuantos, robar autos, motos policiales, drogas y jeringas, ignorar el ridículo cuando se hace el malo con un camisón floreado que robó del hospital, correr a alta velocidad, perseguir y ser perseguido, dar varios tortazos, y darse también unos cuantos (por ejemplo, cuando termina con un auto arriba de una escalera mecánicaque maravillosamente sigue andando), y hasta arremeter sexualmente a su novia en pleno Barrio Chino, a pleno día, y a la vista de todos, que aplauden con entusiasmo. El público también aplaude, aunque algo menos, quizá porque en la primera mitad esto suena como derivado de una conocida película de Bruce Willis. De hecho, el modelo es ése, pero los autores no temen a Bruce Willis, ni a nada que pueda divertirlos, incluyendo algunos chistes «políticamente incorrectos», como el enojo de un traficante negro con sus hombres («¡parecen negros de Somalía!»), o un mafioso diciendo que su hermano está «haciéndoselo a tu madre como a una prisionera iraquí», y otras expresiones de urbanidad ante las cuales alguien que se tome todo esto en serio bien podría estremecerse.

Para dejar claro que esto es broma, a las hipérboles de la primeraparte se suma luego la noviatonta del protagonista, una rubia que nunca toma demasiada conciencia del peligro, pero se nota que es buena compañera, aporta graciosas actitudes, y participa sin ningún remilgo de la antedicha situación en el Barrio Chino y de otras levemente más íntimas, también a pleno día pero a 180 por hora.

Notablemente, el final es realista, lo que supuestamente nos evita la amenaza de un «Crank 2». Dirigieron, con mucha pantalla dividida, corte rápido, y música atronadora, los debutantes Mark Neveldine y Brian Taylor, dos «hombre orquesta» con experiencia previa como stunt, técnico de fx, y demás requisitos básicos. Temas musicales: entre otros, «Crank Tango», «Guasa Guasa», «La fiesta», y, para remate, «Adrenalina», aunque también podría incluirse un jingle dedicado a la epinefrina.

P.S.

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