16 de octubre 2003 - 00:00

Implacable relato de un crimen real

«Veronica Guerin» (id., EE.UU, 2003, habl. en inglés). Dir.: J. Schumacher. Int.: C. Blanchett, G. McSorley, C. Hinds, B. Fricker, G. Costigan, A. Devine, C. Farrel.

Más allá de la sobredosis de melodías irlandesas, o la larga sucesión de epílogos informativos que intentan endulzar el trago amargo, ésta es una de esas películas que ya no se hacen. Cuenta la historia real de una periodista irlandesa asesinada a los 36 años, por cometer el error de escribir artículos que todos sus colegas preferían evitar.

Aunque, obviamente no deja de ser un drama hollywoodense, durante poco más de 90 minutos se plantean asuntos muy complejos, y al final sólo se intenta remarcar que el homicidio de Guerin ayudó a modificar la constitución irlandesa en lo que respecta a la lucha contra los traficantes de drogas duras. Igual, cuesta prestarle atención a tanta información. Joel Schumacher termina la película unos minutos antes, con un plano implacable de una foto del cadáver de la heroína, cuyo rictus macabro no ofrece gloria, belleza ni nada que parezca justificar ese sacrificio extremo.

Es difícil imaginar una actriz nominada al Oscar que no muera sin decir alguna frase gloriosa. Cate Blanchett pronuncia sus últimas palabras por teléfono celular, justo antes de que la maten a la salida de un tribunal: «Todo bien!..., me encajaron 100 libras de multa, pero por lo menos el juez no me revocó la licencia de conducir». El entusiasmo tiene sentido si se sabe que muy poco tiempo atrás un juez menos amistoso anuló su denuncia contra el gangster que la molió a golpes.

Con todo, «Veronica Guerin» merece verse. No es que la guerra antidroga le importe mucho a Joel Schumacher, lointeresante es el enigma sobre la Cruzada en sí misma, la pregunta sobre cómo una persona puede verse enfrentada a un conflicto ético donde los demás no ven nada. Esta profesional exitosa, esposa y madre, de golpe se encuentra con algo que no aparece en los diarios, y se siente obligada a hacer algo al respecto. Igual que la inexperta Guerin, Schumacher no parecía el director indicado para filmar esto, pero es el único. De hecho, lo hace bastante bien, y hasta se detiene especialmente en la adiccion al trabajo y el egoísmo profesional de su heroína. Se puede apostar que aun un kamikaze como el realizador de «8 mm» jamás hubiera encarado esto sin contar con Cate Blanchett. La protagonista brilla con un minimalismo actoral de antología que apoya con cada gesto las contradicciones que plantea la película sobre el personaje y sus conflictos. Asombra ver cuántas escenas clave se resuelven sin una sola palabra, todo gracias al gesto adecuado de Blanchett.

El histrionismo está a cargo de Gerard McSorley, especialmente monstruoso por creíble. Igual que todas las explosiones de violencia, las escenas con McSorley dan asco y miedo, como debería ocurrir siempre en todo intento de cine naturalista.

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