26 de junio 2003 - 00:00

"INTERVENCION DIVINA"

Escena del film
Escena del film
«Intervención divina» (Yadon ilaheyya/ Intervention divine, Palestina- Francia., 2002, habl. en árabe e israelí). Guión y dir.: E. Suleiman. Int.: E. Suleiman, M. Khader, N. Fahoum Daher, D. Suleiman. Nazaret.

P erseguido por un grupo de niños nada simpáticos, y con un cuchillo clavado en el pecho, Papa Noel intenta refugiarse en un monasterio. Así empieza esta película. En la mesa familiar de Jerusalén, madre e hijo esperan, bastante contemplativos, el estallido de una olla a presión. Así termina.

Entre medio, un humor ácido cae sobre tirios y troyanos, provoca al espectador, hace reflexionar, y hasta incluye un tango, en una sumatoria de escenas con claro poder metafórico. Algunas son reconociblemente cotidianas, otras simplemente fantasiosas. Las primeras nos introducen a la falsa calma de un barrio violento, donde, parsimoniosamente, sin decir agua va, la gente se hace justicia por mano propia, por ejemplo, para apalear al vecino que tira la basura donde no debe, atacar sistemáticamente la propiedad de un tipo que se lleva bien con la policía, o agarrar a patadas al que provocativamente no corre el auto de lugar, y encima se pone a limpiarlo. Cosas como ésas -sobre todo, un viejo que pincha la pelota antes de devolverla, o el que insulta por lo bajo a medida que saludanos recuerdan, de paso, cuánto de (mal)humor traemos, y gozamos, de nuestros viejos ancestros mediterráneos.

La mayoría de dichas escenas son representadas «fuera de campo». Bien a la vista, en cambio, aparece la humorada de un sargento israelita gozando a los palestinos en un control de tránsito. O el relax de un hospital cristiano donde, llegada la noche, enfermeras e internos de ambos pueblos se ponen a fumar como chimeneas, acaso el único chiste sin maldad en toda la película. Y luego, están las fantasías: el globo con la cara del innombrable cruzando la ciudad, la turista inglesa orientada por un prisionero con los ojos vendados (como diciéndole al policía quién conoce mejor la Ciudad Vieja), el carozo explosivo (fundido en negro), la mujer que con su solo cuerpo y su mirada atraviesa los controles (significativamente, funde en blanco), o la santa guerrera que finalmente interviene, encarnándose en la imagen que sus propios enemigos han creado, y que les resulta tan difícil destruir (casi un clip ninja, preparado por especialistas franceses).

Y está el amor: el controlado amor de una pareja a un costado del puesto de control, valga la redundancia, el del hombre hacia su padre moribundo (ahí es donde se oye el «Tango El Amal»), y el del propio autor y protagonista, Elie Suleiman, por su tierra, en esta cinta precisamente subtitulada «Una crónica de amor y miedo» (y de humor y resignación, podría agregarse). Original, sentida, y bien hecha, vale la pena.

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