27 de julio 2004 - 00:00
Jessica Schultz: "También yo fui la típica Barbie judía"
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Jessica Schultz, entre el teatro histórico y el musical de humor judío. Con mucho de autobiográfico, estrena «Barbie Borsht... se confiesa».
Jessica Schultz: Mi idea es continuar con el humor político, porque es un género que me fascina y además porque no hay mujeres que lo hagan de esta manera. Me refiero a que en «Tanga Argentina» y en «Argentinitis aguda» yo interactuaba todo el tiempo con el público y eso me hacía sentir cómplice del discurso de la gente. Se dio una buena comunión con los espectadores. Lo del humor judío tiene mucho que ver con mis ancestros y con la educación que recibí. Yo fui la típica chica judía que viajó a Israel, estuvo un kibbutz... y hasta me casé con un economista que tenía su fábrica de telas en el barrio de Once.
P.: ¿En qué se identifica con Barbie Borsch?
J.S.: Ella tiene que enfrentar las mismas exigencias que yo padecí. Esa obsesión por llevar una vida decente y acorde con los valores tradicionales. Me acuerdo de que una tía abuela mía siempre decía que me olvidara de la televisión, que hiciera una vida en serio y formara una familia. Ser actriz era ser una bataclana, no estaba bien visto, pero de alguna manera la cultura judía ya superó todo esto, ahora también es importante tener una profesión. Por eso cuando dejé la carrera de comunicación social para debutar en El Nacional con la revista «Humorovich ochenta y dos», papá se enojó mucho. Pero más allá de todas estas anécdotas el espectáculo aborda un tema universal, el de no querer parecerse a los padres y hacer todo lo posible para diferenciarse de ellos. Lo bueno es que con el tiempo uno afirma su identidad y puede rescatar esos puntos en común que antes negaba.
P.: ¿Y qué opinará su familia de las cosas que ahora hace en TV en «Historias de sexo de gente común»?
J.S.: Ah sí, es un programa bastante fuerte, pero a pesar de esas escenas me sentí cómoda. Alguna gente se escandaliza,pero a mí me parece que es mucho más saludable que en televisión se hable de sexo con esa frontalidad y no que se abuse del amarillismo en programas para adolescentes como los de Cris Morena o en los noticieros de la tarde. Un actor debe ir superando barreras. En la actuación uno está involucrado con toda su persona, con sus debilidades y con toda su vida. Por ejemplo, en «Barby Borsh», yo reviví toda mi historia, sobre todo el vínculo con mis padres.
P.: ¿Y cómo se sintió en el reality-show para actores que dio Canal 9 en 2001?
J.S.: Creo que manejé bastante bien la situación. El problema fue que la verdadera propuesta de la producción era mostrar las miserias humanas, pero nosotros como actores no queríamos exponernos a estas cosas y entonces empezamos a poner nuestros propios límites.
P.: ¿No cree que la situación los superó? Hubo algunos papelones...
J.S.: En algún momento sentí que la situación se me iba de las manos, eso fue cuando descubrimos que la producción nos había abandonado. Hubo un mal manejo, porque mientras nosotros creímos que entrábamos a un juego, a una competencia de actuación, de repente nos encontramos con que eso a la producción no le interesaba, entonces no quisimos jugar más. Pero yo nunca me olvidé de que estaba bajo contrato y que cobraba un cachet. Mi trabajo consistía en desayunar, lavarme los dientes, esperar que nos dieran la consigna del día y reunirnos con la psicóloga.
J.S.: Siento que mi desempeño en ese lugar fue absolutamente digno y que me sirvió para descubrir cosas mías que no me gustaron.Verse filmado en un reality-show le devuelve a uno lo que realmente es. No la pasé mal pero tuvimos períodos de mucho aburrimiento. Como decían que al público no le interesaba vernos actuar, no nos daban nada para hacer y ahí empezamos a entrar en una especie de depresión espantosa. Si usted me pregunta si la experiencia fue positiva, yo le diría que lo hice porque estaba sin trabajo y quería ganar un espacio. En eso momento me dije que si lo único que había para los actores era un reality show, ¡pues allá vamos!
Entrevista de Patricia Espinosa



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