6 de diciembre 2000 - 00:00
"Johana es muy profesional; la siento como mi continuación"
-
De la tele a Miss Universo: quién es Abril Duhalde, la sobrina nieta del expresidente que busca la corona
-
Netflix sorprendió a todos con el estreno de una comedia alemana con un nombre muy particular
Padre e hija.
Periodista: ¿Cómo es eso de que la idea fue de un japonés?
Juan Carlos Copes: El año pasado estábamos actuando en Broadway y se acercó un empresario de Japón proponiéndome que armara un espectáculo que se llamara «Copes» para hacer entre setiembre y octubre de este año. Ya en Buenos Aires, me encontré con Alberto Bolo, un importante empresario argentino, y le conté lo insólita que me había resultado aquella propuesta. «No es insólito», me dijo, «porque evidentemente para ellos tu nombre es sinónimo de tango». Y agregó: «¿Por qué no lo hacemos antes acá?». Así nació entonces este «Copes Tango Copes» que vamos a estrenar en Buenos Aires antes de presentarlo en el interior y en el exterior. Puede sonar soberbio que haya puesto mi nombre al espectáculo, pero la historia es tal como se la cuento.
P.: ¿Qué diferencia hay entre este tango que baila usted actualmente y aquel de sus comienzos como milonguero en el club Atlanta?
J.C.C.: Antes, el tango era un divertimento que estaba al alcance de la gente. Uno bailaba para uno mismo. Era el encuentro de una mujer y un hombre, improvisado, libre, sin fórmulas, sin academias, porque los sentimientos no se pueden enseñar.
P.: ¿Cómo se resuelve el desafío de llevar el baile milonguero al escenario sin que pierda su esencia?
J.C.C.: Esa ha sido siempre mi preocupación. Creo que el secreto, como en cualquier rama del arte, está en transmitir la verdad. Yo me doy cuenta cuando el público en la platea está bailando conmigo por el silencio mucho más que por el aplauso.
P.: ¿Le resultó difícil hacer pareja de baile con su hija en una danza de tanto compromiso sensual como el tango?
J.C.C.: Sí. Al principio Johana estaba en mi elenco pero no bailaba conmigo. Después empezamos a bailar juntos pero milongas, o tangos milongas, sin tanto compromiso. La cosa se complicó cuando empezamos a hacer también piezas más sentidas. Yo no puedo vender seducción con mi hija. Nos dábamos cuenta de que bailábamos separados, como con miedo. Finalmente, lo fuimos resolviendo desde el profesionalismo. Johana ha crecido mucho y hoy puedo decir con orgullo que es una gran bailarina, muy profesional, que dejó de ser mi hija arriba del escenario. La siento como mi continuación ya que a mí me queda poco.



Dejá tu comentario