El Schindler argentino, falsificador que salvó la vida de 3.000 judíos

Espectáculos

Sus pasaportes falsos permitieron escapar a numerosos perseguidos. Tras la guerra lo contrató el Gobierno francés.

“Un día me saqué una mala nota en la escuela, así que imité la firma de mi madre. Ella me descubrió y me castigó, pero mi padre se puso a reír: ‘Sarah, cualquiera ve que esta firma está mal hecha’, me dijo. Fue entonces cuando supe que mi padre, durante 40 años, vivió falsificando documentos...”. Así lo cuenta ella misma en su libro “Adolfo Kaminsky. Une vie de faussaire”, próximo a ser llevado al cine por la empresa Vendome Production, con guión de ella misma. Sarah es actriz y coguionista de comedias, aunque también ha participado en los libretos de “Gauguin: viaje a Tahití”, con Vincent Cassel, y “Adieu monsieur Haffmann”, con Daniel Auteuil, sobre el acuerdo de un joyero judío con su empleado bajo la ocupación nazi. Uno de sus cuatro hermanos es cantante de rap alternativo, José Youssef, alias Rocé. Y el padre, que el 1 de octubre cumplió 95 años, hoy es un viejito de barba muy blanca. Pero, siendo apenas adolescente, salvó a más de 3.000 judíos.

Las raíces

Hijo de inmigrantes judeo-rusos, nació en Buenos Aires en 1925 y sigue siendo argentino, aunque a veces acepta que le digan Adolphe. Tenía 7 años cuando la familia se instaló en París, 13 cuando empezó a trabajar en un negocio de teñido de telas y se aficionó a la química, 16 cuando los nazis mataron a su madre y apresaron al resto de la familia, luego liberada gracias a los oficios del cónsul argentino. Para entonces él ya estaba en la Resistencia Francesa. Con sus conocimientos de química instaló un pequeño laboratorio comercial, en cuyo sótano podía imprimir documentos falsos para los judíos perseguidos y el Mouvement de Libération Nationale que respondía al general De Gaulle, así como la Organisation Juive de Combat, organización judía de combate, y el FTP-MOI, unión de francotiradores partisanos y mano de obra inmigrante. Liberada Paris, el Ejército lo contrató para hacer los documentos de los espías que se infiltraban tras las líneas alemanas. Con el tiempo, Francia le otorgó cuatro medallas al mérito. Pero no la más importante, la Legión de Honor, y eso debido a un pequeño detalle: durante la Guerra de Argelia contra Francia, trabajó para los argelinos.

Adolfo Kaminsky también hizo documentos para los judíos que entre 1946-48 embarcaban clandestinamente hacia el futuro Estado de Israel, y para los grupos de rebelión contra las dictaduras de España, Portugal, Guatemala, Grecia y Brasil, entre otros, y para muchos exiliados de diversos lugares, así como para los norteamericanos objetores de conciencia que se negaban a pelear en Vietnam y los portugueses que se negaban a pelear en Angola. Simpatizó con muchas causas, pero nunca se afilió a ningún partido ni integró ninguna organización. Siempre, desde que empezó a los 17 años, prefirió trabajar por su cuenta.

El retiro

Ya retirado, vivió diez años en Argel, donde se casó con una tuareg, Leila Lamine, y tuvieron cinco hijos. Cuando allí empezó a crecer el fanatismo religioso, se llevó la familia a París. En 1992 todos, salvo él, se nacionalizaron franceses. En 1999 Jacques Falck le dedicó un documental, “Faux et usage de faux: l’histoire dans l’ombre”, falso y uso de lo falso, la historia en la sombra. Ahí Kaminsky recuerda que en 1962, además de documentos, también había falsificado varios millones de francos, destinados a servir en la causa argelina, pero justo hubo un acuerdo de paz. Entonces con todos esos millones falsos hizo una gran hoguera. No se guardó uno solo. “Es que el dinero siempre trae problemas”. También hay un cortometraje, “The forger”, de Samantha Stark, Alexandra García y Pamela Druckerman, 2016, producido por “The New York Times”,

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