19 de junio 2003 - 00:00
Kuitca: "De chico me fascinaban los avisos de las películas sexy"
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Guillermo Kuitca
Guillermo Kuitca no exponía en la Argentina desde 1986. Ahora volvió con un bonus cinéfilo: una selección de 25 films que se pueden ver en el Malba, pensadas como complemento de su obra. El ciclo, «Small Stage, Big Screen», reúne 25 films, incluyendo clásicos y rarezas. El mismo talento vanguardista, sutil e irónico de la obra de Kuitca se aplica a su sorprendente selección de films, un atractivo remix de Ingmar Bergman, Dario Argento, Raúl de la Torre, Leopoldo Torre Nilsson, George Cukor, Max Ophüls, Luis Buñuel, John Cassavetes, Jacques Tati y Alberto Fischerman que tiene algo para todos los gustos, incluyendo a aquellos ingenuos que no entiendan cómo se puede relacionar con el teatro un drama de adicciones como «El ansia perversa» de Fred Zinnemann o un western como «Rancho Notorius» de Fritz Lang.
«Con mi amigo, el director Martin Rejtman, también pensamos en proyectar Potemkin con acompañamiento musical en vivo de una banda militar. Sin cambiarle el repertorio ni nada, lo interesante sería proyectar Potemkin con una banda que toque los temas que hace habitualmente, como 'Aurora', 'La Marcha de San Lorenzo' o 'El puente sobre el río Kwai'». Durante los meses siguientes, Rejtman (a punto de estrenar «Los guantes mágicos») hará otra selección de films relacionados con el universo de Kuitca, y luego su selección será reemplazada por otra de la escritora Graciela Speranza.
«Los films del ciclo ejemplifican de algún modo mis ideas sobre el teatro como espacio arquitectónico, pero no son necesariamente mis películas favoritas... a mí en general me gustan comedias de adolescentes como «Ni idea» («Clueless»), «Porky's», «Heathers» o «Melody», además de esas comedias teenagers de los años '80 con Molly Ringwald como «Vestida de rosa» («Pretty in Pink»)».
Kuitca, que ofreció su primera muestra de pintura a los 13 años, no puede dejar de darle importancia a sus impresiones preadolescentes sobre el cine, punto de inflexión del contacto entre esa manera ingenua de acercarse a distintos films. «A los 13 años no quería que mis compañeros de colegio se enteraran de que yo había hecho una muestra. No sé, era como que sentía que ser artista no estaba bien, digamos como jugar al fútbol. Una vez un compañero de colegio se me acercó y me dijo que el padre le había dicho que yo estaba exponiendo. Yo me lo llevé aparte y le dije cualquier cosa, que era un primo mío, algo así.Yo era algo así como 'niño de día, pintor de noche'. En esa época me quedaba mirando fascinado los avisos de las películas que se publicaban en los diarios. Para un chico, esos avisos de películas sexys eran algo misterioso, recuerdo títulos como 'Yo, Mujer', 'Soy curiosa amarillo', pero sobre todo recuerdo una película checa, que había escuchado que terminaba con una orgía terrible, era 'Valeria y la semana de las maravillas'».
«También recuerdo», continúa «que me impresionó un concepto que leí en algún lado sobre 'Zabriskie Point' de Antonioni. Era un artículo que se tomaba un gran trabajo en analizar minuciosamente la escena de los «coitos múltiples». Yo no entendía que podía querer significar eso de 'coitos múltiples'. En mi casa compraban una enciclopedia en fascículos que se llamaba 'Los Hombres', y el fascículo dedicado a Eisenstein me fascinaba ya desde la foto de la portada. El fotograma que incorporé de Potemkin era una de las fotos que ilustraba ese fascículo, por eso incorporé una imagen de 'Potemkin' a mi obra sin haber visto nunca la película».
Estas historias autobiográficas de Kuitca parecen hacer eclosión en su serie «El mar dulce»: la imagen muestra una especie de sótano sórdido: en una de sus paredes se ve la imagen del cochechito de bebé cayendo por la escalera de Odessa de Potemkin, mientras alrededor, en cada rincón del lugar, distintos personajes se dedican con el mayor entusiasmo a los «coitos múltiples» que tanto preocupaban al joven Kuitca. «No sé bien qué es ese lugar, ni tampoco si en esa pared se está proyectando Potemkin, o si en realidad es como una foto que cubre la pared. Creo que debe ser algo así como dejar puesta la pausa del proyector con el que están pasando la película».
Kuitca dice que, en realidad, la influencia del cine en su obra es mínima. Cuando se le señala cierta similitud entre los tonos de los rojos intensos de «Gritos y susurros» de Bergman, asiente un poco sorprendido, ya que no seleccionó ese film para el ciclo del Malba por ese motivo. Luego de dialogar sobre cine con este gran artista, lo que queda totalmente claro es su predilección por el cine de Buñuel (de quien seleccionó films como «El», Belle de jour» y «El discreto encanto de la burguesía»).
Tras revisar infinidad de temas, como la teatralidad aportada por el cinemascope a un film intimista como «El ansia perversa» de Fred Zinnemann, la experiencia de ir a ver películas a los ya desaparecidos autocines (donde Kuitca vio de chico «Taras Bulba»), el impacto de ir al cine a ver esos clásicos filmados en formato de pantalla ancha como «Ben Hur» o «55 días en Pekin» y la obsesión por poder ver films prohibidos en la Argentina de la dictadura, como «Saló» o «Ultimo tango en París», quedó claro que la influencia del cine que Kuitca acepta de un modo más convencional, y si se quiere, emotivo, es la de Cassavetes y «Opening Night» (film que se incluye en el ciclo, y que presta su nombre a una obra del pintor).
Según Kuitca, «la sensación que tuve al ver por primera vez este film de Cassavetes sí me significó algo en forma más directa, aunque en este caso no sería algo del film en sí mismo, sino del clima en el que me deja una película luego de haberla visto, que no tiene necesariamente que ver con el film en sí mismo, sino con cosas que le pasan a uno al verlo».




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