«Este año la Feria del Libro tuvo menos gente que el año pasado, apenas -ironiza Carlos Pazos, presidente de la organizadora Fundación El Libro- un millón cien mil visitantes. Eso se debió a que tuvimos menos días que en 2004, que como se cumplía el 30 aniversario la extendimos a casi un mes, y ésta fue de 22 días. Si hubiéramos tenido más días hubiéramos superado al año pasado, en proporción hubo más visitantes, todos los días estaba pleno».
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No sólo los organizadores se muestran contentos, también los expositores, todos dicen que vendieron más, que el mercado mejoró, que hubo más compradores. «Yo no se si la gente va a la Feria porque siente culpa de no leer todo lo que considera que debería leer, si ya es parte de un ritual argentino, si es el emblema que nos queda de considerarnos un pueblo culto, pero hay señales que ponen optimista. Esta fue una Feria donde la gente fue a comprar en forma selectiva, buscando lo que le interesaba. Algunos están eufóricos dicen que vendieron 30 por ciento más que el año anterior, pero cada caso es singular, y hay que comprobar la facturación real. Hubo quienes vendieron 5 por ciento más, otros 10 y alguno 30, pero en esto no valen los promedios generales sino lo que le ocurrió a cada expositor. De todas modos, estuvo mucho mejor en ventas. Lo importante es que la Feria se profesionalizó. Se inauguró con un seminario para libreros dictado dos figuras internacionales que fue un éxito. La profesionalidad se ve en la realización de los libros, están mejor editados, tienen un mejor diseño, y esto está vinculado con las ventas al exterior. Poder vender en el extranjero sirvió para dar nivel a nuestra ediciones. Al mismo tiempo, acá se están imprimiendo libros que cuando llegan del exterior son carísimos y con la impresión nacional se vuelven accesibles a más lectores. Se profesionalizaron los stand con mejor diseño, mejor aprovechamiento del espacio, lugares dedicados a los chicos y fotos de escritores, porque ésta es una Feria de la cultura no una megalibrería, y mucho menos un lugar donde se pueda vender -como ha ocurrido- otra cosa que libros», comenta Leandro de Sagastizabal, presidente de la comisión de Cultura de la Feria del Libro, y gerente general del brazo argentino de Fondo de Cultura Económica.
«Esta Feria fue muy buena, muy positiva, nos entusiasma, pero ahora el desafío es como encaramos la próxima», se preocupa Hugo Levin, presidente de la Cámara Argentina del Libro.
Con muy pocos grandes escritores internacionales, con la necesidad de seguir extendiéndose en el espacio (que se vio reducido por la «Opera Pampa»), con costos altos según algunos expositores, la Feria ratificó que es una cita ineludible para muchos argentinos y un apreciable número de extranjeros.
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