20 de mayo 2003 - 00:00
La clase media en caricatura que quiso ser mordaz
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Los sobresaltos, ataques de pánico y angustias que los sufridos argentinos padecimos en los últimos tiempos pueden servir de levadura para amasar un drama, o bien alimentar la desmesura de un cómico con alma trágica que nos haga reír aunque nos duela.
Ariel Barchilón lo intenta, sin lograrlo, con «Salvavidas de plomo», a través de las vicisitudes de una pareja de clase media estrangulada por las deudas, sometida a pruebas cada vez más humillantes para poder recuperar lo que le fue arrebatado por un poder invisible controla todos sus actos. Esclavos de un tirano que tiene semejanzas con el «Gran hermano» de Orwell, obedecen a órdenes que los van degradando irremediablemente. La pieza es una metáfora de las desventuras del país amenazado por el cuco de la deuda externa y el modo en que ésta incide en la vida cotidiana.
• Absurdo
Arturo Bonín y Susana Cart responden con precisión a las indicaciones de la puesta, poniendo al servicio de sus esquemáticos personajes su solvencia profesional. Cuando el texto lo permite (como en la secuencia del sueño), Bonín escapa de lo caricaturesco y otorga carnadura a su personaje; sin embargo, con las actuaciones no alcanza.




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