6 de octubre 2003 - 00:00

"La creación no tiene edad, sólo cambian los enfoques"

La creación no tiene edad, sólo cambian los enfoques
Con su ingenio, unos cuantos metros de papel y unos tachos de pintura negra, Clorindo Testa inauguró la semana pasada una exposición de dibujos en el Cabildo de la ciudad de Córdoba. Arquitecto de fama internacional y artista de talento, Testa aprovecha la oportunidad para reconstruir un momento del pasado colonial y crear un personaje que se le asemeja, Don Francesco de Ceppaloni. Así entreteje una historia que oscila entre la realidad y la ficción.

«Yo, Don Francesco, de la tierra de Ceppaloni en las dos Sicilias vine a la ciudad de Córdoba y aquí viví y propuse este dibujo para la capilla de Ischilín pero se eligió el dibujo de


Giovanni Andrea Bianchi que la hizo. Este es mi dibujo que me parece mejor».
El texto, escrito sobre el diseño de la fachada de una iglesia cuyo trazo ostenta la pincelada suelta de Testa, está fechado en 1775 y plantea una franca rivalidad entre el personaje real, el jesuita Bianchi que fue uno de los más importantes arquitectosde la época, y su coetáneo-Don Francesco, presunto creador frustrado de los proyectos que se exhiben en la muestra y que nunca se construyeron.

«Al final
-señala Testasiempre terminaban usando los proyectos de Bianchi, que debían ser los mejores y eran los que le gustaban a la gente. Las preferencias existieron siempre».

El relato está ligado a la historia de la arquitectura colonial, que poco documentada, deja espacio para imaginar intrigas. Por ejemplo, se sabe que el Cabildo porteñose construyó según los planos de Bianchi, y que anteriormente el también reconocido arquitecto Prímoli había realizado un diseño, pero se ignora por qué motivo fue descartado.

En este contexto, la impostura de Testa le permite colocarse en el siglo XVII y recrear, desde ese lugar, las formas voluptuosas del barroco, exacerbándolo.

Nacido en Nápoles en 1923, el artista pareciera pensarse a sí mismo en otro tiempo aunque con idénticos afanes. «Cuando Laura Batkis me convocó para exponer en el Cabildo, me pareció que no tenía sentido colgar mis cuadros en un edificio así, con esta historia -aclara el artista-. Entonces decidí crear este personaje, para demostrar que la creación artística no tiene ni edad ni tiempo, que sólo van cambiando los enfoques. Pienso que un buen artista del pasado sería un buen artista en la actualidad. Piranesi, por ejemplo, si hoy viviera, seguramente haría una obra contemporánea, pero igualmente genial».

Con esta inspiración, «la de dibujar como un cura italiano del setecientos», construyó un pincel largo, atado a un bastón, para pintar desde lejos y lograr el estilo de los dibujos «tipo croquis de la época».

• Memoria

A partir de la historia del Cabildo y de los primeros planos del edificio que se remontan a 1775, Testa apunta a confirmar su teoría de que «los lugares, como la gente, tienen memoria, y es casi imposible cambiar su destino.Y agrega, «La Recoleta era un sitio de ranchos y romerías, y ante la proliferación de mujeres y bebida, el virrey Vértiz lanzó un edicto prohibiendo esa actividad. Pero siglos después han vuelto las mujeres, el vino y la vida nocturna con mayor fuerza, porque las ciudades parecieran recordar su pasado y los edificios también».

Antes de iniciar el proyecto de Córdoba, Testa visitó las bóvedas del Cabildo, que fueron prisiones y salas de suplicios en sus orígenes y volvieron a cumplir esa función en el siglo XX, durante la década del '70, hasta que con el arribo de la democracia el municipio decidió darle un destino cultural. «Sin embargo, estos datos confirman mi teoría --observa el arquitecto-. La esencia de las cosas no cambia y tal vez en el futuro vuelva a ser lo que fue».

Finalmente, más allá de la competencia profesional y de la aguda mirada que echa al pasado, el relato sobre el que gira la muestra, tiene puntos de coincidencia con su vida. A lo largo de todas las salas Testa instaló extensos caballetes que la recorren y sobre ellos puso, arrugados como un bollo, la infinidad de dibujos que descartó Don Francesco. Esta obra, evoca por un lado la serie de proyectos que descarta un artista a lo largo de su vida, y por el otro, cierra una historia que se aleja de su propia vida. «Es un modo de jugar con el tiempo, de eso se trata esta exposición», concluye Testa, que a los 80 años acaba de competir y ganar un concurso para construir un enorme centro cultural en el Abasto. Y con su estilo circular comenta que en ese lugar «había una vez una fábrica de aceite...»

Dejá tu comentario

Te puede interesar