26 de agosto 2008 - 00:00

La Estable del Colón con un programa que atrasa

El muy transitado «Bolero» de Zartman sobre música de Ravel cerró el vetusto primer programade Olga Ferri como «directora artística de la danza» (vale decir, del Ballet Establedel Colón).
El muy transitado «Bolero» de Zartman sobre música de Ravel cerró el vetusto primer programa de Olga Ferri como «directora artística de la danza» (vale decir, del Ballet Estable del Colón).
El Ballet Estable del Teatro Colón realizó dos presentaciones extraordinarias en el Coliseo, el mismo que el director general del teatro, Horacio Sanguinetti, desestimó diciendo que no era apto para desarrollar la temporada operística del Centenario. Parece que no ocurre lo mismo con el ballet, que ocupó el escenario y el foso, resultando muy aplaudido por el público numeroso que se acercó a presenciar el primer programa propuesto por la nueva «Directora Artística de la Danza», la legendaria Olga Ferri, y Jorge Amarante.

No se vio nada nuevo. La dirección apostó a lo archiconocido y seguro. Ningún riesgo. Nada de nuevas propuestas ni renovación de esquemas tradicionales.

Una obra clásica del repertorio como «Las sílfides» repuesto por la rusa Tatiana Fesenko, fue bien bailado por el cuerpo de baile femenino y por las solistas y primeras bailarinas aunque tuvo una puesta en escena algo vetusta, con un modesto telón de fondo y un espacio mínimo para el desarrollo espacial de la obra. Fue como ver una pieza de museo. La estupenda bailarina Silvina Perillo hizo maravillas, como es habitual en sus presentaciones, en el pas de deux de «Don Quijote». Su perfección técnica y su gracia fueron muy bien acompañadas por Juan Pablo Ledo, impresionante con sus acrobacias casi deportivas.

También fueron brillantes animadores del lírico pas de deux de «Espartaco» Karina Olmedo y Vagran Ambartsoumian en una complementación exacta. El «Bolero» muy conocido de José Zartmann sobre la partitura de Ravel cerró el programa sin variantes, ni siquiera de intérpretes principales: los intachables Graciela Bertotti y Vagran Ambartsoumian acompañados por los integrantes del Ballet Estable con una fogosa presencia.

Mario Benzecry hizo lo que pudo para conciliar la dinámica de los bailarines con lo que se oía de la Orquesta Estable y, a veces, logró limar asperezas. Con pocos ensayos conjuntos y en lugares inapropiados las cosas no pueden salir mejor.

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