C uando la hija del general Campbell es acallada desnuda, estacada y estrangulada en el patio de la base militar en la que revistaba como capitana, el fiel asistente de su desconsolado padre le recuerda al investigador militar Paul Brenner ( John Travolta) que «hay tres formas de hacer las cosas: la correcta, la incorrecta y la forma como lo hace el ejército». Casi una redundancia teniendo en cuenta que dicho investigador es un suboficial de ese mismo ejército (por supuesto, veterano de Vietnam). Pero hay muchos más detalles de los códigos militares sobre los que el duro Brenner habrá de desayunarse a lo largo de este film basado en un políticamente correctísimo bestseller de Nelson DeVille. A Brenner lo ponen a trabajar con otra investigadora especial ( Madeleine Stowe), a la que en principio parece rechazar, pero termina aceptando y respetando profesionalmente (otra novedad). Lo primero que averiguan es que la capitana Campbell gustaba de los juegos sexuales sadomasoquistas, a punto tal de haberlos compartido con la mayoría de la soldadesca de la base. Lo segundo es que esta preferencia nació de algo horrible («peor aún que la violación», según les comenta un amigo de la víctima) que le sucedió durante un ejercicio de combate a poco de empezar su formación castrense. Es decir, hay una fuerte motivación psicológica para una conducta que la llevó a «morir como vivía», en palabras de Brenner. Esa es la punta que permitirá a la pareja de detectives desbaratar una compleja maraña de obediencia debida, pactos de silencio, discriminación de las mujeres y agachadas políticas de las que prácticamente no se salva nadie que vista uniforme. La dirección de Simon West («Con air») no es un dechado de originalidad, y en el guión hay poco que no pueda preverse, pero el film se deja ver gracias a un buen elenco en el que además de un siempre eficaz Travolta, capaz de mejorar cualquier cosa con espontaneidad y humor, sobresale James Woods. Por otra parte, que un simple sargento tenga el poder de enfrentar y descabezar, si es necesario, hasta las cúpulas más altas de su arma, no deja de ser un aliciente para seguir los sucesos con un interés extra.
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