10 de febrero 2000 - 00:00

"LA LEYENDA DEL JINETE SIN CABEZA"

U n anciano va en un carruaje. Si se parece mucho a Lugosi, es que el actor es Martin Landau, en una caracterización con cierto parecido a la del pobre Bela en «Ed Wood». En seguida el hombre corre desesperado en un maizal y se topa con un espantapájaros sospechosamente pare-cido al muñeco protagónico de «El extraño mundo de Jack». Sólo que todo recuerda mucho al coyote colgado de un árbol según los rituales vudú de «Caminé con un zombie» de Jacques Tour-neur. El prólogo de «La leyenda del jinete sin cabeza» marca perfectamente el clima para lo que vendrá después. Tratar de sintetizar la película en un solo concepto sería simplificar demasiado las cosas: es cine de autor, es un homenaje al cine gótico, es una comedia negra, una fantasía folklórica, un cuento de hadas para adultos o una pesadilla para niños. Y además es una película de terror, o lo más parecido a una película de terror que puede surgir de un genio tan personal como Tim Burton.
Partiendo del cuento de
Washington Irving, «The Legend of Sleepy Hollow», Johnny Depp encarna a Ichabood Crane, un policía neoyorquino que a fines del siglo XVIII se atreve a adoptar métodos científicos demasiado adelantados para su época. Como castigo recibe la orden de viajar a Sleepy Hollow, un pueblo convertido en centro de una ola criminal singular: todas las víctimas aparecen decapitadas. Para colmo, en el lugar todo el mundo está convencido de que el culpable es el espectro de un jinete sin cabeza. Con su estrafalario equipo de detective científico, Ichabood espera descubrir una explicación racional. Lo que descubre es que nada es lo que parece, y que por más esfuerzo que se ponga, no hay una lógica aplicable a las cosas esenciales.
Una película que despliega un clásico literario para llegar a esta idea ya sería interesante, pero lo bueno es que para llegar a ese punto,
Burton despliega un arsenal ilimitado de escenas alucinantes, situaciones superintensas y un clima alucinatorio, siniestro y al mismo tiempo poético que convierte a «La leyenda del jinete sin cabeza» es una de esas películas tan ricas en ideas, imágenes y actuaciones (como la de Christina Ricci, toda una brujita teenager), que no hay manera de disfrutarla entera en una sola visión.

 Homenajes

En realidad, lo mismo podría decirse de casi todas las películas de Burton, pero en este caso hay un punto adicional, y es su obsesión por integrar -con total naturalidad-homenajes a cuanto film de terror gótico haya alimentado su formación cinéfila. Desde referencias muy claras al «Frankenstein» de Whale o «La máscara del demonio» de Mario Bava y «El pozo y el péndulo» de Roger Corman, hasta otras más sutiles como un mecanismo argumental similar al de «Una cita con el diablo» de Jacques Tourneur o el estilo Hammer Films (incluyendo la presencia de Christopher Lee), la ensalada dark de Burton cierra a la perfección y genera algo nuevo: un tipo de fábula agridulce, divertida y terrible, que combina en partes exactas humor, melancolía, magia, sensibilidad y truculencia (mucha, pero no tanto como la de algunos de los viejos films que home-najea).
Convertido en un extraño bufón oscuro de la corte hollywoodense, al final, Tim Burton logró salirse con la suya: en lugar del fallido «Superman» con Nicolas Cage, terminó filmando uno de sus trabajos más personales, y no sólo obtuvo una película al borde de lo genial, sino también un éxito de taquilla que le servirá para aprovechar el dinero de los estudios para continuar estirando los límites de uno de los universos más imaginativos del cine moderno.

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