9 de abril 2003 - 00:00

La leyenda de un club que modernizó a Estados Unidos

La leyenda de un club que modernizó a Estados Unidos
Louis Menand, «El club de los metafísicos. Historia de las ideas en los Estados Unidos» (Barcelona, Destino, 2003, 534 págs.)

U n puñado de hombres reunidos en un misterioso club, disparando ideas, transformó a los Estados Unidos en 1872. Esa aventura intelectual es el tema de «El club de los metafísicos» de Louis Menand, investigación que le llevó diez años a su autor y se lee como una novela sobre las teorías que ayudaron a modernizar a Norteamérica.

«Es notable que Estados Unidos -advierte Louis Menand- haya pasado por una guerra civil sin sufrir un cambio en su forma de gobierno. No se abandonó la Constitución durante la Guerra Civil, no se suspendieron las elecciones y no hubo ningún golpe de Estado. Se luchó para preservar el sistema de gobierno establecido al fundar la nación: lo que se demostró es que valía la pena preservar el sistema y que la idea de democracia no había fracasado».

Pero, de la Guerra de Secesión salió un país distinto, se desacreditaron creencias, se barrió con la civilización esclavista del Sur, pero también con casi toda la cultura intelectual del Norte. «A Estados Unidos le llevó casi 50 años crear una cultura que reemplazara la anterior, hallar un nuevo conjunto de ideas y un modo de pensar que ayudara a la gente a afrontar las condiciones de la vida moderna».

•Nombre irónico

En 1872 un grupo de estudiosos, provenientes de diversas disciplinas, se reunió durante unos 10 meses en Cambridge, Massachusetts, a discutir ideas filosóficas. Formaron lo que bautizaron irónicamente (ninguno de los participantes creía en las ideas puras) «El club de los metafísicos». Trataron de dar respuesta a «por qué las certezas filosóficas y científicas no habían logrado impedir -y en casos incluso incitado-4 años de destrucción mutua», partiendo de que «si la guerra enseña algo, es que las creencias tienen consecuencias».

Lo sorprendente es que con esos debates teóricos hicieron ingresar al pensamiento norteamericano en el mundo moderno y, si bien ninguno de los participantes se planteó proyecto político alguno, establecieron ideas rectoras que impulsarían el desarrollo de los Estados Unidos. «No sólo ejercieron una influencia sin igual sobre otros autores y filósofos, sino también sobre la vida norteamericana»explica
Menand-, «sus ideas cambiaron el modo en que pensaban -y siguen pensando-los norteamericanos sobre la educación, la democracia, la libertad, la justicia y la tolerancia. Y, en consecuencia, cambiaron el modo en que viven los americanos, el modo en que aprenden, el modo en que se entienden a sí mismos y el modo en que tratan a la gente diferente a ellos. Seguimos viviendo, en gran medida, en el país que esos pensadores ayudaron a crear».

Menand estudia el grupo central del legendario «Club de los metafísicos» y sus ramificaciones posteriores, hasta llegar a la Guerra Fría donde se dejan de lados las ideas que habían establecido (y se pasa a buscarlas en Europa, en lo que va del existencialismo al descontructivismo) para reaparecer luego de la caída del Muro de Berlín, con la ya clásica teoría de que «la democracia es el valor que valida todos los otros valores».

A fines del siglo XIX los clubs -en realidad tertulias en casa de algún integrante- eran centros de reunión de juristas, escritores, filósofos, científicos e historiadores. El
«Club de los metafísicos» reunió al médico y psicólogo William James, hermano del escritor Henry James; el lógico Charles Pierce; el jurista Oliver Wendell Holmes; el meteorólogo Chauncey Wright, considerado el Sócrates del grupo; y el filósofo John Dewey. Sus ideas llegaron a ser una filosofía, que el lógico Pierce bautizó como «pragmatismo», y es considerada el gran aporte norteamericano a la filosofía mundial.

Estaban convencidos de que «las ideas nunca deben convertirse en ideologías, sólo son herramientas que la gente crea para hacer frente al mundo», «las certezas no son y no puede ser absolutas» y «las personas son agentes de su propio destino». Plantearon que «lo verdadero es lo útil», aquello que conduce al éxito individual. Se basaron en las teorías de
Darwin para plantear la separación definitiva entre ciencia y religión. Cultivaron «un escepticismo que mostró ser útil en una sociedad industrial y de mercado, porque hace prosperar la dinámica capitalista». Buscaron dispersar el fatalismo que afecta a casi todos los sistemas del pensamiento del siglo XIX, por caso, el determinismo mecánico o materialista de Marx, y el determinismo providencial o absolutista de Hegel. Descubrieron un universo aún en progreso, donde cada problema puede aceptar el ejercicio de una «acción inteligente» ( Dewey).

«Hablaron -sostiene
Menand- a una generación de académicos, periodistas, juristas y diseñadores de políticas ansiosos de encontrar soluciones para los problemas sociales, y felices de recibir buenas razones para ignorar los reclamos de cosmologías finiquitadas».

Más adelante agrega: «su filosofía estaba ideada para apoyar al sistema político de la democracia. Y la democracia no es sólo permitir que la gente correcta opine, es también permitir que opine la gente incorrecta. Es dar espacio a las ideas minoritarias y discrepantes para que, al final del día, puedan prevalecer los intereses de la mayoría. Democracia significa que todos están por igual en el juego, pero también que nadie puede optar por salir».

•Curiosidades

Menand no se dedica a la mera exposición de teorías, comenta el contexto en que aparecen, y biografía a cada uno de sus personajes, sin privarse de chismes, datos curiosos o divertidas supersticiones, por caso, la toxicomanía del eterno desempleado Pierce; William James pidiendo a su hermano, el escritor, Henry James, que luego de su muerte se instalara un mes en su casa porque le iba a enviar un mensaje desde el más allá; Holmes llevando en un maletín verde el manuscrito de una obra de erudición legal a todas partes, haciendo practicar a su familia simulacros de incendio en que el maletín era evacuado en primer lugar y, cuando comía en casa de los James, llevándoselo con él cada vez que iba a al baño.

Menand, (Syracuse, 1952), profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, fue editor de «The NewYork Review of Books» y hoy colabora en de «The New Yorker»; con «El club de los metafísicos» obtuvo el Premio Pulitzer 2002.

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