Leónidas Gambartes (1909-1963) fue un gran artista. Pero, más allá de este juicio de valoración compartido por el público numeroso que visita la muestra que exhibe el Centro Cultural Recoleta, la genuina fascinación que ejerce una obra decididamente americanista marca un cambio en el gusto y la capacidad de apreciación estética.
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Como si la Argentina estrenara una nueva mirada o, al menos, un nuevo enfoque. Por un lado, el fenómeno se debe a que la uniformidad del mundo globalizado determina la revalorización de las diferencias locales; por otro, este cambio de rumbo incide en los grandes centros de consagración internacionales, donde las expresiones artísticas de todas las etnias pasaron a ocupar un lugar preferencial.
En este contexto, los argentinos tradicionalmente seducidos por el magnetismo de París y luego por los dictados que imponen los grandes sacerdotes de turno desde los centros del arte, descubren que el mundo está más abocado a rescatar su propia diversidad que a acatar mandatos foráneos. El ejemplo más cercano es Brasil, que convirtió la difusión de la identidad tan especial de su arte en razón de estado.
• Sensibilidad
Pero aún teniendo en cuenta que hasta el respeto por la diversidad podría llegar a encuadrarse en el esquema de las tendencias en boga, la Argentina, que emulaba a París, sus palacios y su arte, ya no es la misma, y tampoco es la misma que hasta ayer aseguraba precios récords en las subasta de Nueva York. El rigor de la crisis despertó una nueva sensibilidad que permite mirar lo propio con ojos nuevos. «Gambartes. Mito, magia y misterio» revela un artista que indaga la Argentina profunda con singular reverencia, sus personajes nativos y animales fantásticos tienen la se-vera gravedad de los íconos religiosos. Pero la principal virtud de la mayor parte del centenar de trabajos que presenta la muestra, es la perfecta fusión alcanzada entre la imagen representada y la materia empleada, el «cromo yeso» que opaca las estridencias del color, lo vuelve sordo y distante. Es decir, el logro es una alianza sin fisuras entre el espíritu de la obra y el soporte.
• Mesura
Rosarino, Gambartes fundó en 1936 junto a Berni la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Plásticos que abordó temas de raíz latinoamericana influida por el encuentro con el muralista Siqueiros (1933), pero su obra, si bien destaca lo nuestro, lo hace sin la abrumadora retórica de los maestros del arte social. Con su tono mesurado, el artista no cede a la tentación de echar a andar la fábrica de indiecitos, ni monta la industria de la victimización, como paradójicamente y al mejor estilo capitalista, lo hicieron Diego Rivera, e incluso Berni (con sus niñitos de los ojos grandes).
Hecha de sutilezas y lejos de cualquier estereotipo, su obra que se inicia con una serie de cartones humorísticos, pero pega un salto en el año 1943, cuando presenta los trabajos en tinta de impecable factura que abren la exhibición.
No es la primera vez que se realiza una retrospectiva de Gambartes, pero en esta ocasión su voz resuena particularmente verdadera y convincente.
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