2 de junio 2005 - 00:00

La "Medea" de Wainrot, un espectáculo de alto nivel

El excelente trabajo de Maximiliano Guerra en el papel deJasón no ensombrece la gran performance de Silvina Cortés(Medea), en un espectáculo de inusual calidad en todossus rubros.
El excelente trabajo de Maximiliano Guerra en el papel de Jasón no ensombrece la gran performance de Silvina Cortés (Medea), en un espectáculo de inusual calidad en todos sus rubros.
«Medea». Coreog. y lib.: M. Wainrot. Mús.: D. Shostakovich. Comp. Mus.: G Dvoskin. Esc. Y vest.: C. Gallardo. Ilum.: E. Sirlin. Ballet Contemporáneo del TGSM (Teatro San Martín, hasta el 26 de junio).

El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín estrenó «Medea», recreación coreográfica de la tragedia de Eurípides de su director, Mauricio Wainrot, uno de cuyos mayores aciertos es la elección de un puñado de partituras del compositor ruso Dmitri Shostakovich. Las ásperas sonoridades de fragmentos de su música de cámara -uno de sus cuartetos- y de su creación sinfónica sumadas a música étnica vocal mixturadas por Gustavo Dvoskin, proporcionan una base musical violenta, intimidatoria y, por momentos, también sarcástica.

Wainrot
diseñó su coreografía más respondiendo a las necesidades expresivas del desarrollo dramático de la historia que preocupándose por la musicalidad de sus acciones. Así, en ocasiones, la partitura aparece como un recurso climático antes que funcional (el enfrentamiento Eros-Tánatos tiñe los ochenta minutos de duración de la obra).

La línea seguida por el coreógrafo es la del conflicto de los personajes principales en el seno de una familia. Las otras líneas entrecruzadas son las de la guerra como hecho recurrente,con lo que Wainrot sugiere la permanencia del mito a través del tiempo y de las culturas. La intervención de los dioses y lo ineludible del destino humano está asimismo presente en la cosmogonía creada por el coreógrafo, que trabajó con un lenguaje contemporáneo atravesado por tramos por la acrobacia casi deportiva de la danza académica, sobre todo en lo diseñado para Maximiliano Guerra.

El Jasón de Guerra exhibe la calidad técnica del bailarín sin conflictos con lo emocional. Su espléndido trabajo no resta mérito a la gran performance de Silvina Cortés como una sensitiva y sensual Medea. Victoria Hidalgo aporta dulzura a su Glauce, y el resto brill como siempre ocurre con los estupendos bailarines del Ballet Contemporáneo para los que pareciera no existir límites técnicos ni dramáticos (así sean el coro, los guerreros, los hijos, Creonte o las hechiceras). «Medea» es siempre danza. No hay puntos débiles en la dinámica del movimiento permanentemente renovado y vivaz, se trate de conjuntos o momentos solistas.

La estética del espectáculo no sólo acompaña sino que contribuye a crear climas con sus ioletas, celestes, fucsias y rojo para el segmento final, uno de los más electrizantes de los vistos últimamente en la compañía. Las luces de Eli Sirlin y la escenografía y el vestuario de Carlos Gallardo participan del mismo concepto plástico que la danza, redondeando un espectáculo de rara perfección.

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