24 de diciembre 2003 - 00:00

La mujer dulce, Sanda, es caballero

La mujer dulce, Sanda, es caballero
P rivilegios de la lengua francesa: mediante un acto oficial, y sin perder un ápice de su femineidad, una señora puede convertirse en un absoluto caballero. Así, sin declinación, chevalier. Privilegio del amor, el hecho ocurrió anteayer en Buenos Aires, el lugar donde la notable Dominique Sanda eligió recibir la orden de Caballero de la Legión de Honor con que su país natal acaba de distinguirla.

«Pude haber ido a París», explicó la protagonista de Bresson, Bertolucci, De Sica y Demy, por nombrar sólo algunos de los grandes que la eligieron a lo largo de 35 años de carrera, «pero preferí recibirla en mi país adoptivo, junto a mi esposo, Nicolás Cutzarida, y mis amigos argentinos». Entre ellos, Edgardo Cozarinsky, China Zorrilla, Graciela Maglie, Carlos Morelli, y José Miguel Onaindia, todos presentes en la embajada francesa donde se cumplió la ceremonia, cordial, casi íntima, de una suave emoción.

El embajador destacó su trayectoria y su papel como difusora de la idea francesa «de una cultura abierta, diversificada y en diálogo con las expresiones artísticas de otras naciones», y concluyó, ceremoniosamente, «Dominique Sanda, au nom du President de la Republique et en vertu des pouvoirs qui nous sont conferés, nous vous faisons Chevalier de la Legion d'Honeur». Ella empezó a agradecer en francés, pero se corrigió enseguida.

«Me propuse responder en español»
, dijo. Vestida de saco y pantalón blancos, resaltaba en la solapa la gruesa cinta roja, de la cual pendía la preciosa distinción blanca y verde, que tan pocos artistas del mundo han alcanzado a recibir. Y que uno inmediatamente dejaba de ver, porque apenas hablaba dos palabras con ella ya se perdía en esos ojos celestes, preciosos.

¿Sorprendida por esta condecoración? «Sí, porque no hice nada para recibirla, y además ya antes me habían nombrado Oficial de las Artes y las Letras, y Caballero de la Orden Nacional del Mérito». ¿Y por que no recibirla en la propia Francia? «Porque, aunque todavía trabajo allí, me gusta vivir aquí, adonde vine por amor. Pero ahora debo ir a Paris por otro motivo. Debo desocupar el departamento de mis padres. Mi madre murió hace unos meses, y mi padre quedo solo, después de vivir 70 años juntos, casi todos en ese mismo departamento, donde yo me crié.Ahora él tiene 93, y lo traje a vivir a Punta del Este, cerca de nosotros. Se siente bien. Ha iniciado otra vida».

Culminando la noche, se oyó hablar en ruso. Era China Zorrilla, discurriendo sobre verbos irregulares con un traductor. ¿Pero donde aprendió usted a hablar en ruso? «En París, con Sacha Tolstoi, el nieto del escritor. Así, cuando me preguntan digo que aprendí con Tolstoi, y piensan que soy todavía mas vieja». Una mujer inagotable.

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