8 de agosto 2005 - 00:00

La música, una celebración

El gran director de origen indio condujo a la Orquesta Filarmónicade Israel en dos conciertos con fines benéficos quetuvieron altísimo nivel musical.
El gran director de origen indio condujo a la Orquesta Filarmónica de Israel en dos conciertos con fines benéficos que tuvieron altísimo nivel musical.
Orquesta Filarmónica de Israel. Direc.: Zubin Mehta. Dos programas: obras de Mozart y Mahler (4/8) y de Ami Maayani, Beethoven y Dvorák (6/8). (Teatro Colón.)

Para una celebración de la música en su nivel más excelso retornó a Buenos Aires la Orquesta Filarmónica de Israel. Vino con su director musical, el indio Zubin Mehta (1936), una de las mayores personalidades de la conducción de la actualidad. Convocados para dos conciertos benéficos (para recaudar fondos para instituciones argentinas e israelíes), ambos se iniciaron con el Himno Nacional Argentino y la Canción Patria de Israel. Desde ese momento, Mehta y sus músicos se transformaron en un paradigma de lo que debe ser la disciplina y la entrega en el arte de la música, y qué decir de lo que vendría a continuación.

La estupenda concepción sonora derivada de una preparación técnica superlativa, de la Sinfonía N° 4l, en Do Mayor, K. 551 «Júpiter», de Mozart, templó los ánimos y brindó a través de una exposición equilibrada la energética pulsión mozartiana. Plantado sobre el podio, Zubin Mehta con gesto sobrio pero expresivo se adueña de la ejecución evaluando cada inflexión de la música, cada vibración subjetiva y transforma su vivencia en emotividad sonora. Los instrumentistas de la Orquesta de Israel lo acompañan convirtiéndose en uno con el director. Esta página de Mozart preparó para un momento culminante: la Sinfonía N° 6, en la menor, de Gustav Mahler. Mehta organiza el caos sonoro para que cada sector de la orquesta brinde su mejor trabajo. Ritmo, volumen, fraseo y acentuaciones tuvieron en el director indio a un verdadero artífice y cada instrumentista pudo expresar lo suyo. La ejecución fue una antológica confrontación de matices que derivó en belleza y en crispación emocional para espectadores y músicos.

• Segundo concierto

Más allá de la cuidadosa edición de la obra de un compositor nacido en Tel Aviv, Ami Maayani, un «Scherzo Mediterranéen», Mehta y los filarmónicos vivenciaron con todo su ímpetu y dinámica la «Quinta Sinfonía» de Beethoven y con vuelo poético la Sinfonía «Del Nuevo Mundo», de Dvorák en dos muestras de elevado sinfonismo,donde las cuerdas lucieronbriosas y lograron transparencias de gran plenitud, y donde bronces y maderas destilaron aliento cálido y brillo. Todo ello se obtiene por la disciplina y el amor a la música del director y los más de cien instrumentistas de calidad superior.

Los bises: Elgar, Johann Strauss y Piazzolla prolongaron el placer y la luminosidad de la música por unos minutos más, luego de las muestras de cálida aprobación de un público identificado con la propuesta de apostar por la paz y la comprensión entre los pueblos.

E.G.

Dejá tu comentario

Te puede interesar