20 de diciembre 2000 - 00:00

La palabra es la base de las obras de dos interesantes artistas

Obra de Cali Mármol.
Obra de Cali Mármol.
El contemplador desprevenido, aquel que ingresa en un espacio de arte para «ver» o «mirar» un objeto artístico en sus formatos tradicionales se encontrará que al hacerlo en la Galería C/C (Paraguay 868), éste ha sido aparentemente desplazado. Porque ingresar en el mundo de Cali Mármol exige, en cierto modo, tener algún conocimiento de los fundamentos del arte conceptual.

Se enfatiza la idea, la concepción del proyecto, la conducta perceptiva, imaginativa o creativa del contemplador, sustentados por uno de sus popes, el norteamericano Joseph Kosuth, teórico principal junto al grupo de la revista «Art & Langage» del arte conceptual lingüístico. «En el comienzo era el Verbo...». En el origen de la obra de Mármol está la palabra, fragmentada, con diferentes registros tipográficos, los signos de puntuación, una imagen en sí misma.

El primer trabajo del receptor es recomponer esas palabras, un trabajo intelectual que demanda además conocimiento del inglés ya que pertenecen a textos de autores como T.S. Eliot, Joyce, Faulkner. El segundo trabajo es la acción de recomponer geométricamente el registro digital del poema o del texto impreso, y así, aparecen los ritmos, las ondulaciones, los espacios, las pausas del lenguaje.

En 1967, Sol Lewit escribía que «la idea o concepto es el aspecto más importante de la obra. Cuando el artista se vale de una forma de arte conceptual, significa que todo el proyecto y las decisiones se establecen primero y la ejecución es un hecho mecánico. La idea se convierte en una máquina que produce arte».

Este concepto final no puede aplicarse a Cali Mármol ya que en primer lugar utiliza el óleo, material que le permite demorarse sensitivamente sobre la tela, ha elegido el no color, «ese final para siempre» en referencia al negro, según Kandinsky, con lo que ha despojado al soporte de todo elemento decorativo así como su aplicación sobre un tono neutro, no hay descripción posible, pero tampoco abusa de lo lingüístico.

Habrá que estar atento para ver cómo desarrolla este joven artista una obra de características herméticas, que pueda transmitir pictóricamente la poética y la hondura de los textos en los que se nutre.

* Carlos Montes de Oca
(Chile, 1960) es poeta, artista visual, Licenciado en Arte en la Universidad de Chile. Ha realizado estudios en Diseño, Filosofía y Comunicación Audiovisual. En el catálogo de la exposición realizada en agosto en la Galería Artespacio de la capital chilena, «El azar la lengua el vacío», subtitulada «Revisión antológica», varios críticos analizan cómo desde sus primeras muestras en 1990, este artista se convierte en paradigma para muchos de los creadores jóvenes que hoy se destacan en el panorama de la plástica.

Montes de Oca
recurre a textos e imágenes encontradas como punto de referencia o partida de su obra. Sus fuentes van de la novela policial chilena de los '50 a manuales de higiene, textos de Borges, frases y conceptos que hacen al núcleo de nuestras vivencias.

En
«La extensión de la felicidad», breves textos como «aquí comienza la felicidad», «éste es el lugar de la felicidad», «aquí termina la felicidad», cajas de luz iluminadas desde el interior, recuerdan su carácter efímero. «Welcome to Chile», una serie de fragmentos de 10 novelas de autores nacionales referidos al paisaje chileno en letras plásticas blancas sobre fondo negro son más reveladoras que el abordaje convencional de una geografía.

«Barrio bravo»
realizada en 1998 es una propuesta visual del tema de la violencia en sectores suburbanos de la ciudad. Sobre un piso cubierto de yeso, unas hachas con el mango pintado de rojo incandescente parecen «avanzar»sobre una estructura de madera donde se encuentra una bolsa puesta al descuido. La iluminación azul y el sonido del agua en movimiento intensifican el dramatismo de la situación. «La necesidad de dormir» (1998), es una instalación con carpas de tela plástica industrial que ha ocupado la explanada cultural de la Estación Baquedano del subterráneo, el Puente Rakamalac y el puente Huidobro. Una necesidad del artista de convocar al público para que actúe y también ocupe la ciudad, para que sienta la necesidad de pensar y de soñar.

«La capacidad de recordar»
, instalación creada para el ámbito de la galería donde se exhibe, nos lleva a un territorio de extrañamiento, frágil, efímero, una geometría evanescente en el espacio, en una poética atmósfera azulada, casi irreal. Las muestras de ambos artistas conviven inteligentemente planeadas en el nuevo espacio de Suipacha 868. Lunes a Viernes de 15.30 a 19.30.

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