5 de abril 2002 - 00:00
La Patagonia atrae a un cineasta noruego
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Erik Gustavson: La retrospectiva anduvo muy bien, se vieron cinco de mis siete películas. No quise traer las que no lo merecen. La primera, por razones obvias, y la última, aunque era con Klaus Maria Brandauer, porque se pudrió un poco a causa de un coproductor, y no me gusta. En cambio traje mi primer corto, algo así como mi percepción naif de lo rioplatense, traspuesto a Oslo. Me emocionó mostrarlo ahora en el Festival de Montevideo, organizado por Cinemateca Uruguaya, y ver que la gente no lo rechazaba. De paso, advertí que en Montevideo se ven títulos más variados que en Nueva York, y a menor precio. Todo esto es un honor para mí, ya que de ningún modo me considero un «auteur».
Periodista: ¿Qué piensa hacer en la Patagonia?
E.G.: Preparo una especie de southern, «Nos vemos en Patagonia», sobre los bohemios cristianos (por Cristianía, antiguo nombre de Oslo) que hacia 1890 soñaban crear acá una república anarquista, de amor libre y convivencia con los indios. Con el guionista argentino, residente en Hollywood, Martin Salinas, imaginamos uno de ellos, que viene como adelantado, con perspectivas de fundar ese país utópico, pero va descubriendo un país real, y de a poco se va integrando, y se asimila. Termina robando bancos.
Muy bueno. ¿Pero piensa coproducir con Argentina?
E.G.: En principio, tengo un acuerdo con la Universal. Siempre dependemos de las coproducciones, o del mercado exterior, porque los noruegos somos apenas cuatro millones. Pese a ello, hacemos unas diez películas anuales de más de un millón de dólares cada una, tenemos una escuela estatal, dos directores en Hollywood, una Cinemateca que impulsó este viaje mio, y ahora prepara un ciclo sobre cine sudamericano, y hasta hicimos dos películas del Dogma. Si los daneses pueden, nosotros también.
E.G.: Como ustedes con «El hijo de la novia». Le cuento algo: la crítica y los intelectuales despreciaron «Eling», pero no solo resultó candidata, prestigiando a nuestra pequeña industria, sino que la vio el 25% del país, ¡uno de cada cuatro noruegos!, y motivó toda una reflexión nacional sobre nuestra falta de compromiso emocional con los enfermos.
P.: ¡El 25%! Es como si acá a «El hijo...» la hubieran visto 9 millones de argentinos. Y nos alegramos por uno y medio.
P.: Pero ahora prepara una comedia sobre Ibsen en Italia.
E.G.: Bien se merece una comedia romántica. El hombre que viene del norte, cerrado, algo paranoico, y encuentra el sur latino, color, olor, la fuerza de la historia, el ejército garibaldino contra el papal, y entonces se abre, y da a luz el «Peer Gynt», paradójicamente la mejor y más noruega de sus obras. ¿Qué busca alguien lejos de su patria, sino entenderla?




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