«Tríptico», de R. Amuchástegui, S. Gutiérrez Posse y J. Huertas. Dir.: M. Rodríguez Blanco. Int.: S. Dafunchio, V. Lueje, M. Mato, D. Calo Maiza, A. Cardelli, M. Sánchez, M. Bakica, A. Bonifacio, S. Cassini, N. Krom, J. Mariñas y C. Olleros (C. C. Konex, Córdoba 1235).
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Tomado como punto de partida la obra de tres artistas plásticos (Frida Kahlo, Francis Bacon y Lucio Fontana), Marcela Rodríguez Blanco convocó a tres dramaturgos para que, inspirándose en ellas, construyeran distintas situaciones dramáticas. La idea de la directora fue trasladar los elementos de la plástica a la estructura dramática y los cuadros sirven de fondo a cada una de las tres piezas. Rodrigo Amuchástegui en «Los modos de la inocencia», refleja el violento contenido de «Pintura 1946» de Bacon, a través de rondas infantiles que no tienen nada de ingenuas, ya que en el fondo de ellas yacen una crueldad y una frialdad capaces de llevar al crimen. Un crimen oculto tras la máscara de la inocencia.
Inspirándose en «Lo que vi en el agua» de Frida Kahlo, Susana Gutiérrez Posse construye una pieza que muestra la relación entre tres mujeres encerradas en un clima asfixiante, mientras cuida de una enferma a la que no se ve. Postrada en una cama, ésta sufre por no poder responder a los reclamos de un amante que la espera en el jardín de la casa y con el cual las otras tres mujeres sueñan. Jorge Huertas, por su parte, ilustra «Tajo 140» con un poema y pequeñas escenas del teatro universal, a las que los actores prestan voz e imagen. La pieza de Gutiérrez Posse es la que brinda más apoyo al trabajo interpretativo, por lo que Sofía Dafunchio, Valeria Lueje y Mariana Mato se destacan sobre el resto del grupo, dando a sus personajes cierta carnadura.
El resto del elenco se desempeña con corrección y disciplina, obedeciendo la dirección de Rodríguez Blanco, que privilegia la imagen y el movimiento, con lo que logra algunos momentos de intensa sugerencia.
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