24 de febrero 2000 - 00:00

"LA PLAYA"

L uego de triunfar con «Trainspotting», su director, Danny Boyle, se mostró lo bastante selectivo como para rechazar una millonaria propuesta de la Fox para filmar la cuarta parte de «Alien» (en cambio, optó por la simpática comedia policial «Vidas sin reglas»). Por eso resulta difícil de entender su decisión de filmar una historia que apenas parece una variación de corte turístico-alternativo de «El señor de las moscas», de William Golding. Quizá se pueda entender mejor este enigma conociendo la novela de Alex Garland en la que se basa la película. Pero, de cualquier modo, el resultado es desparejo, poco convincente, agradable y algo entretenido en sus mejores momentos, y peligrosamente ridículo en sus puntos más flojos. Leonardo DiCaprio no sale demasiado airoso al encarnar a un turista en Tailandia, tentado por un desquiciado vecino de cuarto a buscar una isla perdida, virgen, solamente habitada por una singular comunidad de hedonistas occidentales que quieren fumar marihuana y jugar al fútbol en una playa paradisíaca, totalmente alejada del ruido de los centros turísticos convencionales.
Convenciendo a una pareja francesa que apenas conoce, el protagonista emprende su viaje hacia el mítico balneario virgen. Si no fuera por los amores promiscuos (aunque bastante inocentes, teniendo en cuenta las características de los personajes), el constante consumo de cannabis y algunas imágenes truculentas con tiburones y narcotraficantes tailandeses, las andanzas de DiCaprio y sus amigos podrían servir para una estudiantina de vacaciones. Y seguramente con ese tono la película hubiera mantenido cierta coherencia, que se pierde del todo cuando algunas discusiones dentro de la comunidad neohippie atentan contra el equilibrio mental del protagonista, que de pronto parece querer imitar al Martin Sheen de «Apocalypse Now» (es un milagro que esa secuencia de «La playa» no le haya costado a «Leo» una candidatura a la temible Frambuesa de Oro, es decir el anti Oscar). El fracaso del film, sin embargo, no es atribuible al actor protagónico, sino a Danny Boyle, que en su tercer largometraje cayó bastante por debajo del nivel de sus dos películas anteriores. En algunos momentos su imaginación visual se pone en evidencia, logrando que una película de aventuras alternativas mal elaboradas incluya momentos interesantes, siempre apoyados por buena música y fabulosos paisajes tailandeses, cuidadosamente fotografiados por el talentoso Darius Kondji.

Dejá tu comentario

Te puede interesar