"La política me hizo perder mucha plata"

Espectáculos

A lejado momentáneamente de la política, tras una gestión de cuatro años como diputado por la UCR, Luis Brandoni asegura que ya no volverá a relegar su profesión de actor. El jueves de la semana próxima estrenará en el Teatro Nacional Cervantes una nueva versión de «Stefano» (1928) de Armando Discépolo, dirigido por Juan Carlos Gené y acompañado por Perla Santalla, Horacio Roca y Beatriz Spelzini, entre otros.

«Para mí, interpretar a Stefano es como la coronación de muchos años de experiencia», dice Brandoni, quien en 1965 tuvo el privilegio de actuar en la misma obra bajo las órdenes del propio Discépolo. Sólo que en aquella ocasión le tocó interpretar el papel del hijo.

Periodista: «Stefano» es considerada una de las mayores obras de Discépolo.


Luis Brandoni:
Sin duda. Hay hallazgos de escritor realmente extraordinarios; en una hora cuarenta describe un mundo entero: la historia de la inmigración, la historia de una familia y la frustración de un artista que sueña con ser un gran compositor de ópera mientras se gana la vida tocando el trombón.

P.: ¿Qué relación existe entre la Argentina de aquellos años y la actual?

L.B.:
En aquel momento había una gran movilidad social. Y acaso lo que Stefano no haya podido alcanzar, tal vez su hijo mayor, que era poeta, sí lo haya logrado. Además, en «Stefano» aparece el tema del desarraigo, tratado de una manera muy poética. Este es un tema que ahora está muy en boga en la Argentina, a pesar de que sólo se habla de la actual diáspora justificándola o, incluso, elogiándola. Nadie habla de cuál es el precio humano que los jóvenes tienen que pagar por ese desarraigo. Y eso es precisamente lo que están padeciendo los personajes de Discépolo.

P.: Usted ha interpretado a una amplia galería de porteños típicos, algunos de ellos
bastante chantas. ¿Son esos personajes los más recordados por el público?


L.B.:
Puede que eso quede en la memoria de alguna gente pero no corresponde a la realidad. El Antonio Soto de «La patagonia rebelde» no tenía nada de pícaro, tampoco el médico de «Darse cuenta» que, al contrario, poseía una gran estatura humana. Y el personaje de «Made in Lanús» no tenía nada de porteño piola.

P.: ¿Qué otros personajes le gustaría hacer?


L.B.:
El Don Zoilo, de «Barranca abajo» y algún día, si no se me pasan los años, me gustaría hacer «Un enemigo del pueblo» de Ibsen.

P.: Hablemos un poco de política. Su gestión como diputado nacional de la UCR quedó asociada a Ley de Mecenazgo que fue derogada y a la Ley de radiodifusión que finalmente no llegó a promulgarse. ¿Le resultó muy frustrante esta experiencia?


L.B.:
En cierto sentido puede resultar una cosa aterradora porque fuera del Congreso las cosas se ven de una manera, pero desde adentro es algo muy distinto. La ley de Mecenazgo (que permitía desgravar de impuestos las donaciones para proyectos culturales) fue vetada por presión de los lobbies empresarios. Esa ley llevó dos años de trabajo pero, en el breve lapso de la presidencia de Rodriguez Saá, la esposa del actual gobernador de Buenos Aires, Teresa Solá, que fue Secretaria de Cultura por sólo cuatro días hábiles, se ocupó de que Duhalde vetara la Ley de Mecenazgo. En cuanto a la Ley de Radiodifusión se trabajó durante un año y pico y no llegó a bajar a recinto.

P.: Hasta no hace mucho no era bien visto que un actor participara en política ¿Sufrió
algún tipo de discriminación por eso?


L.B.:
Antes se decía que un actor o un deportista se debían a su público y nada más. Pero esa es una mirada cortita, porque por ejemplo en mi caso, como yo tengo una profesión pública, salgo en los diarios y todo el mundo sabe dónde, qué días y a qué horas trabajo. Lo que ignoran aquellos que me criticaron es que hay muchos diputados que no nacieron a los cuarenta años y que tienen una ocupación a la que dedicarse. Tienen algún campo, una escribanía o lo que sea, porque un día terminan, como yo, su mandato y quieren retomar su profesión. Eso no significa que haya cometido un delito ni que haya descuidado mis funciones como diputado. Los que critican podrían haberse ocupado de ir al Congreso y verificar cuántas ausencias tuve o si participé en las comisiones a las que pertenecía. Es fácil subirse al comentario generalizado de que todos los políticos somos unos canallas.

P.: ¿Qué costos tuvo para usted su paso por diputados?


L.B.:
Por empezar perdí mucha plata. Esos cuatro años me costaron mucho dinero. En realidad perdí de ganar dinero.

P.: ¿Por sus actividades en el Congreso?


L.B.:
Por supuesto, porque lo que yo ganaba como diputado era menos de la quinta parte de lo que gano como actor. Tuve que abandonar y rechazar muchos contratos, pero estoy muy contento y muy honrado de haber trabajado en el Congreso y de haber podido volver a mi profesión en tiempo completo.

P.: ¿Siente alivio de haberse alejado de la política?


L.B.:
En realidad estoy alejado porque ya terminé mi mandato. Pero me sigue interesando las cuestiones políticas y por supuesto inquietando, desvelando, amargando... todo eso.

P.: ¿Volvería?

L.B.:
Creo que sí, pero con menos responsabilidad. Yo ya no quiero, ni puedo, hacer más paréntesis en mi carrera.

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