7 de agosto 2001 - 00:00

La puesta complica más al ya difícil Bernhard

La partida de caza.
"La partida de caza".
"La partida de caza" pertenece al ciclo de obras políticas de Thomas Bernhard (1931-1989) con las que el escritor austríaco intentó denunciar la hipocresía de su país, al que odiaba y no dudó en definir como «una cloaca sin espíritu ni cultura». Los personajes de Bernhard son seres incapacitados y algo ridículos pero con una inclaudicable simpatía por el nazismo al que alguna vez sirvieron.

Al igual que su colega de «Antes del retiro» (1979), el general de «La partida de caza» (1974) es poco menos que un detritus de aquel esplendoroso pasado militar. Aún se lo considera un héroe de guerra (perdió un brazo en la terrible batalla de Stalingrado), pero poco a poco ha ido quedando cada vez más aislado del poder.
Su extrema veneración por ese bosque maldito -que ya ha sido invadido por una plaga letal- sugiere un pasado de horror que ahora emerge a través de una herida que él mismo se provocó accidentalmente en uno de sus paseos. En esta especie de gran guignol circulan príncipes, ministros, escritores y criados como representantes de un orden social que siempre está dispuesto a cambiar de disfraces pero no de ideología.

Bernhard vuelca en esta obra de 1974 algunos de sus temas preferidos: la vida humana como «catástrofe», el escritor como filósofo y el arte como arma de doble filo entre la verdad y el pasatismo. Sin embargo, «La partida de caza» no es una obra fácil de representar dada la impostura de sus personajes y las sinuosas relaciones que mantienen entre sí. El cinismo y la estocada verbal son sus armas preferidas; pero el autor también se sirve de apasionados monólogos para dar rienda suelta a sus propios puntos de vista, sin atender debidamente al fluir de la acción dramática.

Lamentablemente, la puesta de Clara Pando sólo suma mayor confusión a las ambiguas situaciones que propone la obra. Por momentos se tiene la impresión de estar frente a un desfile de personajes inverosímiles que no encuentran el contexto adecuado para sus acciones. Tal vez con un elenco mucho más fogueado, la directora se internaría con mejor suerte en los peculiares códigos de esta obra.

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