26 de agosto 2002 - 00:00

"La realidad actual le quitó heroísmo hasta a los sueños"

Laura Yusem
Laura Yusem
Laura Yusem y la escritora Griselda Gambaro integran una de las duplas más creativas del teatro argentino. Títulos como «La mala sangre», «Del sol naciente», «Antígona furiosa», «Penas sin importancia», «La casa sin sosiego», «Es necesario entender un poco» y «De profesión maternal», estrenados por la directora a lo largo de dos décadas, dan cuenta del talento de Gambaro (reconocido a nivel mundial) y de su demoledora lucidez.

Su obra dramática es también un testimonio acerca de las dificultades de vivir en libertad, especialmente en un país tan complejo como el nuestro. «Lo que va dictando el sueño», la pieza que Yusem acaba de estrenar en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, fue escrita en 1999 y tiene por protagonistas a Alicia Zanca, Jorge Suárez, Horacio Peña, Luis Machín y Julia Calvo. Es la historia de una empleada de limpieza, muy simple y soñadora, que se rodea de fantasías para poder soportar la realidad que le tocó vivir. Su inocencia y generosidad la convierten en un ser extremadamente frágil e indefenso, pero aún así, capaz de rescatar a un anciano de la tristeza de un geriátrico.

Dialogamos con Laura Yusem acerca de esta puesta que tiene escenografía y vestuario de Graciela Galán, música de Carmen Baliero y diseño de luces de Roberto Traferri.

Periodista: La protagonista de «Lo que va dictando el sueño» tiene algo de Gelsomina, aquella torpe y angelical jovencita de «La Strada».


Laura Yusem:
Sí, en algún momento nosotras pensamos en Gelsomina; Alicia Zanca también, pero obviamente no hace de Gelsomina. Su personaje es de una extrema inocencia y sufre el mismo desamparo y exclusión, pero al final reacciona de una manera muy diferente al personaje de Fellini. Ana saca al viejo del geriátrico y le propone un nuevo sueño, un sueño de desamparados.

P.: El anciano que ella intenta cuidar es bastante cascarrabias. ¿Qué lo hace tan querible para Ana?


L.Y.:
En realidad es adorable y más aun con la interpretación de Jorge Suárez. Por momentos se pone insoportable, pero como todo viejo que está encerrado contra su voluntad. El tiene su orgullo, no se somete fácilmente.

P.: ¿Cuál fue el punto de partida de esta obra?


L.Y.:
A Griselda Gambaro le interesaba abordar el tema del sueño y la obra sostiene que lo que nos salva es soñar, aunque este sueño se vea interrumpido todo el tiempo por una realidad muy terrible. Sin embargo, el sueño no cesa, se quiebra, se lastima pero sigue.

P.: La autora critica muy duramente el desamparo y los maltratos que suele recibir la gente mayor.


L.Y.:
Así es y el otro día Griselda dijo una cosa muy bella. Nos confesó que el sueño que ella quiere soñar para ese viejo es que tenga su mate con bizcochitos de grasa, pasee por el parque o vaya al Teatro Colón. Son cosas que él desea y que no le permiten tener. Por eso es un sueño muy pertinente para este momento, porque ¿qué es lo que quiere uno para los viejos que están tan maltratados? Que coman mejor, que estén al abrigo. Como se verá, no es un sueño irrealizable ni heroico.

P.: Pero aún así no se cumple en la realidad, como bien advierte la obra.


L.Y.:
Igual apostamos a eso.

• Contexto

P.: Las obras de Gambaro siempre han estado muy conectadas con el contexto social en que se estrenaron.

L.Y.:
Totalmente y además son anticipatorias. Porque si esta obra se hubiera estrenado en 1999 no habría tenido el significado que tiene ahora, por cómo se ha descompuesto el país en estos tres años. Da la impresión de que hubieran colapsado todos los lazos: sociales, familiares, políticos y económicos.

P.: ¿Detectó algún cambio en la escritura dramática de Gambaro en estas dos décadas de trabajo en común?


L.Y.:
Su escritura es asombrosa y de una gran condensación. En sus obras el lenguaje siempre corre naturalmente, pero en realidad está muy trabajado. No es un lenguaje coloquial sino pura materia poética. El texto de «Lo que va dictando el sueño» es de un gran refinamiento.

P.: ¿Hay que preparar los pañuelos para ver la obra?


L.Y.:
No sé, para mí el público es imprevisible. Ayer, la gente se rió muchísimo porque la obra tiene bastante humor y además Jorge Suárez tiene esa veta maravillosa que le permite tocar todas las cuerdas, pasa del capocómico al actor dramático como si nada. A mí me alegra que la gente pueda reírse con la obra. Claro que en la sexta escena ya no se ríe nadie. Pero vaya a saber qué puede pasar con las siguientes funciones, así que me entrego a lo que venga, a mí el público me sorprende siempre.

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