Roma (AFP) - Por primera vez en su historia, la Scala de Milán tuvo que recurrir a un francés, Stephane Lissner, para que intente sacarla del marasmo en que está sumergida desde hace años por rivalidades y peleas entre clanes adversos. Lissner, de 52 años, director del Festival Lírico de Aix en Provence, en Francia y ex director del Teatro Real de Madrid, asumirá a partir de mayo todos los poderes del templo musical italiano,al haber sido nombrado en el doble puesto de director general (superintendente) y artístico.
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El «ejecutivo» de la cultura, políticamente cercano a la izquierda, dotado de gran experiencia y escogido por el Consejo de Administración de La Scala, sustituirá al célebre e indomable director de orquesta Riccardo Muti, quien dimitió a principios de abril tras 19 años en el cargo de director artístico. Ajeno a las envidias e intrigas por el poder local, Lissner dirigió prestigiosos festivales y es conocido por haber relanzado en los años 90 el Teatro de Châtelet. «Es exactamente lo que La Scala necesitaba desde hace años», escribió el crítico musical Arrigo Quattrocchi, quien calificó su nombramiento como «una victoria de los trabajadores».
Los empleados del teatro, casi un millar de personas, incluidos los 135 músicos de la orquesta, pidieron a mediados de marzo la cabeza del renombrado Muti, acusado de ser una suerte de dictador, sordo a las exigencias y enemigo acérrimo del ex gerente general, Carlo Fontana.
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