23 de octubre 2003 - 00:00

"LA VIDA DE DAVID GALE"

«La vida de David Gale» («The Life Of David Gale», EE.UU., 2003). Dir.: A. Parker. Int.: K. Spacey, K. Winslet, L. Linney y otros.

Al cine de Alan Parker lo persigue una maldición frecuente, una auténtica « neurosis de destino»: toda vez que el director se pone a defender una causa noble, la prensa, y a veces el público, lo maltratan sin piedad. Le ocurrió moderadamente con su mayor éxito, «Expreso de medianoche»; luego, de manera más violenta, con «Mississippi en llamas», cuando la comunidad negra lo acusó de haber elegido a dos agentes blancos del FBI como los únicos héroes capaces de impartir justicia en un medio racista. Sin embargo, Parker nunca recibió tantos sopapos como con su último film, «La vida de David Gale», un alegato en contra de la pena de muerte.

La película logró lo imposible: unificar las críticas de los liberales abolicionistas y de los defensores del ajusticiamiento. Para los primeros, Parker lucró con el tema y hasta cometió una falta moral cuando decidió filmar, in situ, en aquellos espacios de Texas donde se mata a los condenados; la condena y el recelo de los segundos son más obvios, incluyendo al gobierno, cuya máximo representante tantas sentencias debió firmar cuando era gobernador de aquel estado. Lejos de los EE.UU., muchas de aquellas críticas son injustas y nacidas al calor de una discusión extracinematográfica.

El sino del film tampoco dejó de lado a su distribución comercial: en la Argentina, lo iba a estrenar meses atrás una «major» americana, pero por motivos nunca aclarados del todo, y aún con las copias y el subtitulado listos, el lanzamiento se canceló. Hoy lo distribuye un independiente.

En el film, David Gale ( Kevin Spacey) es un brillante profesor de humanidades en Texas, experto en Lacan, y líder de un movimiento abolicionista de la pena capital. Es decir, el perfil menos imaginable para verlo sentado a la espera de su propia ejecución, acusado de haberle dado muerte a su mejor amiga (Laura Linney) y compañera en ese movimiento.

¿Qué ocurrió? La única a quien acepta recibir Gale en la prisión, a cambio de dinero, es a la periodista Bitsey Bloom (Kate Winslet), famosa por su temperamento aguerrido en las investigaciones y por defender el secreto de sus fuentes, aun a costa de su propia libertad. Durante las tres jornadas previas a la ejecución, en sesiones de dos horas, Gale (con un aire entre Keyser Soze y Hannibal Lecter) se confesará ante Betsy hasta cierto punto, para elegirla como portavoz de un mensaje: que la condena a muerte también puede señalar a la persona equivocada.

«La vida de David Gale»
es ante todo un thriller, y no un film de tesis sobre la pena capital como «Mientras estés conmigo» o «No matarás». Como thriller, está estupendamente narrado y no pierde el interés en ningún momento de sus dos horas y diez. Seguramente, algunos de sus recursos no son nobles: ¿por qué asustar tanto a la pobre Betsy en el motel, donde pende un videocasete como un gato muerto en la penumbra? También es probable que el espectador de ojo aguzado adivine, mucho tiempo antes del desenlace, una parte o la totalidad del misterio. Pero ni siquiera esa cierta previsibilidad atenúa el placer que brinda esta historia tan bien actuada, tan angustiantemente encadenada.

Parker
, por supuesto, nunca sacrificará el suspenso y la tensión de un relato a la coherencia moral de la tesis en la que se apoya, aunque para ello deba recurrir al maquiavelismo que más irritó al sector progresista norteamericano: que el fraude también puede ser vehículo de una causa noble. Si fraude y moral son incompatibles, fraude y ficción son los mejores compañeros. El artista engaña por naturaleza, y el espectador goza con ese engaño. Desde luego, cuando hay un tema tan sensible como la pena de muerte en el medio los cortocircuitos son inevitables.

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