31 de mayo 2005 - 00:00

"Las 1001 noches" de Bedel en Roma

La muestra que Jacques Bedel exhibirá en Roma vincula a la Bagdad de la leyenda con lade hoy, en la que ya no atraen las sedas o las piedras preciosas, sino el petróleo.
La muestra que Jacques Bedel exhibirá en Roma vincula a la Bagdad de la leyenda con la de hoy, en la que ya no atraen las sedas o las piedras preciosas, sino el petróleo.
En el Palazzo Santa Croce de Roma, donde funciona el Instituto Italo-Latinoamericano, Jacques Bedel inaugurará en junio su muestra «Las 1001 noches». Son doce obras sobre plástico de 0.50 x 3.00 m cada una, negras representando las noches, y que pueden leerse como gigantescos negativos fotográficos tomados a través de la mirilla de un tanque de guerra que está haciendo volar por el aire las arenas del desierto milenario.

Estas fotos de explosiones en el desierto remiten hoy a las guerras por el petróleo en Irak. Pero es un desierto que siempre vuelve a recomenzar como el relato al que alude el título de la muestra. Aunque las primeras referencias a Las mil y una noches son del siglo X, los cuentos de Sherezade y su hermana que dormían con el rey, son más antiguos y se vinculan a una larga tradición oral llevada por narradores expertos que entretenían contando historias, a las cortes de Asia y Africa.

«Uno sabe que entrando en ese libro puede olvidarse de su pobre destino humano (...) En el título hay algo muy importante, la sugestión de un libro infinito»,
dijo Borges, que desde su infancia fue un apasionado de estos relatos maravillosos vinculados a los laberintos del tiempo y los sueños. Fue en el siglo XV cuando se reunieron en Alejandría una serie de fábulas que circularon en la India, en Persia y en Asia Menor, y por último escritas en árabe, y compiladas en El Cairo. Estos relatos populares fueron conocidos en Europa recién en el siglo XVII, por la traducción del erudito francés Antoine Galland. Aunque luego hubo muchas otras versiones, que Borges comenta en «Los traductores de las 1001 noches», aquella fue la más leída, la que leyeron Coleridge, Stendhal, Edgar Allan Poe, y tantos otros desde entonces. Hoy es Bedel quien recupera el tema de la fábula.

La historia era la del rey que habiendo sido engañado por su mujer, resuelve decapitar a las doncellas con las que contrae matrimonio. Pero cuando se casa con la hija de su gran visir, Sherezade, ésta logra salvarse gracias a la afición del rey por sus narraciones. Pero en la obra de Bedel el relato sin fin es el de la violencia y la guerra. Su muestra vincula aquella Bagdad de la leyenda con la de hoy, en la que ya no atraen las sedas o las piedras preciosas, sino el petróleo.

En el siglo XVIII, en 1764, el economista Cesare Beccaria en Milán, difundió su tratado De los delitos y las penas, que revolucionó a Europa y a América con esa exposición jurídica. Beccaria desarrolló la primera crítica fundada sobre la pena de muerte en Occidente y la primera solicitud a favor de su abolición. Rechazó además la tortura y los castigos indignos y humillantes, como hacen hoy las Comisiones de Derechos Humanos. Dos siglos y un tercio después, la pena de muerte aún tiene vigor en muchos países. En cuanto a la tortura, no ha dejado de ser practicada. La antigua práctica del genocidio tuvo su caso paradigmático con el Holocausto de los judíos por obra del nazismo. Más tarde, con el pretexto de dar un rápido fin a la guerra con el Imperio Japonés, se lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto de 1945. En su minucioso estudio sobre el tema, Helen Fein enumera una docena de genocidios posteriores perpetrados en frica y Asia entre 1960 y 1979.

También es necesario recordar la sangrienta contienda de Bosnia (1992-95), y las de Kosovo y Afganistán. Las agresiones fueron habitualmente disfrazadas como defensas ante los «demonizados», como enemigos absolutos, de los « herejes» (época de la Inquisición), en adelante. «Dicen los árabes que nadie puede / leer hasta el fin el Libro de las Noches./ Las Noches son el Tiempo, el que no duerme./ Sigue leyendo mientras muere el día/ y Shehrezade te contará tu historia». Así finaliza Borges su poema «Metáforas de Las mil y una noches». Efectivamente es así. Aunque leamos hasta la última de sus fábulas, el libro nunca se termina de leer. Es infinito, siempre puede haber otra lectura, como la que hoy hace Jacques Bedel en el castillo romano.

Bedel (1947) obtuvo en 1968, un beca del gobierno francés para realizar investigaciones en el campo de las artes visuales en París; y al año siguiente, fue invitado a participar en el X Congreso Internacional de Arquitectos como delegado de la Association Internationale des Arts Plastiques (dependiente de la UNESCO). En 1974, el British Council le otorgó una beca para estudios de escultura en Londres; y en 1980, recibió el Premio Fulbright para llevar a cabo estudios en el National Astronomy and Ionospher Center de la Cornell University. Desde su creación en 1971, integró el Grupo CAYC, y participó con sus miembros en numerosas muestras, de Madrid a Varsovia, y de Berlín a Riejavich. En 1977 recibió con el Grupo, el Gran Premio de la Bienal de San Pablo. Un jurado internacional lo distinguió como arquitecto con el Gran Premio Latinoamericano en la VII Bienal de Buenos Aires, en 1998. El año pasado, recibió el Primer Premio en el Certamen de Pintura Aerolíneas 2004, por su obra «Aproximación a la maldad».

El trabajo representaba una nube fagocitando a otra, y continuaba su serie de propuestas vinculadas al espacio y al infinito. Incorporaba elementos no deseados que anidan hoy en el mundo: enfermedades, pobreza y guerras, anticipando esta próxima muestra en Italia.

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