«Una línea azul plateada en el río», de Susana Gutiérrez Posse. Dir.: Horacio Medrano. Esc.y vest.: Carlos Di Pasquo. Mús.:Adrián Juliá. Int.: María Comesaña y Ana Yovino (Teatro El Doble.)
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Las dos mujeres que aguardan bajo un puente la llegada de un bebé apuestan a él como posibilidad de futuro mejor. Lagarta, la vieja, ha arreglado todo para venderlo y, con el dinero obtenido, desquitarse de una vida de injusticias y sinsabores que no le ha dejado otra cosa que rencor. La más joven, insegura todavía sobre el camino a seguir, ha quedado prendida a un sueño imposible: el regreso del hombre que la llenó de promesas para abandonarla después.
Poco a poco, entre las dos mu-jeres se va creando un vínculo y cierto proyecto de futuro va tomando forma, hasta que juntas son capaces de formar una especie de familia tímidamente iluminada por una cerril y confusa ternura.
La pieza de Susana Gutiérrez Posse se apoya más en lo explicativo que en la acción y el texto resulta, por momentos, redundante. Defectos que la dirección de Horacio Medrano hace más patente.
Pero, la labor de las actrices valoriza el producto. María Comesaña compone con firmeza a la vieja castigada que espera cobrarle revancha a la vida, conservando a lo largo de todo el desarrollo del espectáculo una energía que no decae en ningún momento. AnaYovino, por su parte, dota de intensidad y frescura a Lapin, la joven embarazada. Ambas actrices anudan un vínculo creíble que, por momentos, y a pesar de la fuerte sordidez del texto, abreva en el afecto y la compasión.
En cuanto a la puesta en escena, la permanente manipulación de las telas resulta fatigosa e innecesaria, ya que no agrega nada a la acción y es demasiado lóbrego el empleo de la luz.
El final aporta un bienvenido rayo de esperanza que merecía ser resaltado porque daría más potencia al cierre.