"LAS AFINIDADES ELECTIVAS "

Espectáculos

lamamos afines a aquellas naturalezas que, al encontrarse, se apoderan rápidamente unas de otras y se arrastran mutuamente (...). Con los casos intrincados se aprende a conocer los grados de afinidad, las relaciones más próximas y más fuertes, más lejanas y más débiles; las afinidades sólo son interesantes cuando producen separaciones y divorcios.”
El párrafo anterior no corresponde a un tratado de química, aunque toma de ella el ejemplo, sino a una conversación de gente bien educada en la novela de J. W. Goethe en que se basa esta película.
Y más adelante continúa:
«Imagínese una A que está íntimamente unida con una B, de la que no es posible separarla por ningún medio ni con ninguna violencia. Imagínese una C que está en la misma relación con una D. Ponga
usted ahora las dos parejas en contacto: A se arrojará sobre D, C sobre B, sin que se pueda decir quién ha abandonado primero al otro, quién se ha vuelto a unir primero con el otro».

Química

Como se sabe, también en la naturaleza humana ocurren cosas similares. Así lo viven, precisamente, los participantes de esta charla. Un matrimonio en segundas nupcias, muy bien afianzado, se derrumbará cuando él trate con la hija adoptiva de su mujer (parece el affaire Woody Allen, pero lo escribió Goethe a comienzos del siglo pasado).
Pero así como los elementos químicos asocian otro más, para que ninguno quede desocupado, también aquí aparece otra figura. Sólo que la naturaleza humana incluye dudas, cargos de conciencia, ambiguas convivencias, transferencias tortuosas, sublimaciones, autocastigos, y esos aportes inclementes o prodigiosos del destino, de todo lo cual se saca lección, y, a veces, alguna sabiduría.
Con mano prodigiosa, los hermanos
Paolo y Vittorio Taviani, adaptaron la extensa novela, sintetizando diálogos al máximo, concentrándose en lo fundamental sin que por ello el conjunto pierda riqueza, y trasladando la acción a su amada tierra toscana, con unos campos y unos bosquecitos que su fotógrafo habitual, Giuseppe Lanci, luce debidamente.
También hay mano en la ambientación fluida, el tono de calmo dramatismo, y la naturalidad impuesta a los intérpretes, lo que hace más frescas y casi palpables las cosas. Es decir, nada de esa sensación de actores recitando tiesos en trajes de época, sino más bien la sensación de trasladarnos y caminar por el campo junto a esas personas de otros tiempos, pero con nuestras mismas pasiones y aflicciones.
Por supuesto, su formación y su sensibilidad, de este siglo, hace que los
Taviani sepan eludir debidamente los desbarrancamientos románticos del último capítulo de Goethe, manteniendo en cambio su agudeza y sus enseñanzas. Vale la pena.

Dejá tu comentario