10 de noviembre 2008 - 00:00

Latinoamérica en un breve pero significativo panorama

«Mi vestidocuelga aquí», deFrida Kahlo,integra laexposición«Latitudes:MaestrosLatinoamericanosen la ColecciónFemsa» en elMuseo Nacionalde Bellas Artes.
«Mi vestido cuelga aquí», de Frida Kahlo, integra la exposición «Latitudes: Maestros Latinoamericanos en la Colección Femsa» en el Museo Nacional de Bellas Artes.
La exposición «Latitudes: Maestros Latinoamericanos en la Colección Femsa» que exhibe en estos días el Museo Nacional de Bellas Artes, permite descubrir la influencia que ejercieron las vanguardias europeas en los artistas de nuestra región, las afinidades y también las divergencias que los tornan incomparables.

«Femsa, una de las escasas colecciones corporativas dedicadas a reunir el arte de Latinoamérica, se inició con el patrocinio empresarial en el Museo de Monterrey en 1977, y desde el año 2000 está de gira por el mundo», señala Rosa María Rodríguez Garza, curadora de la muestra. En Buenos Aires se exhibe el núcleo histórico de la colección, integrado por obras cumbre de José Clemente Orozco, Roberto Matta, Diego Rivera, Leonora Carrington, Frida Kahlo, Wifredo Lam, Agustín Lazo, Alfredo Hlito, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y, entre otros, Joaquín Torres García.

En la muestra predomina el arte de México y se abre con una figura cubista de Rivera pintada en 1914, año en que comienza a extinguirse un movimiento tan fugaz como intenso, que a fines de la primera década del siglo XX sienta las bases de la pintura como instrumento del conocimiento y exhibe la esencia y estructura de las cosas. Luego, frente a la intensidad de una figura yacente de Siqueiros, y ante la sobrecogedora imagen del cuerpo de un hombre ferozmente atravesado por una lanza de Orozco, hay un paisaje del ideólogo del muralismo, Gerardo Murillo (1875-1964), conocido por su seudónimo, Dr. Atl.

Después de su estada en Europa, donde vio los murales renacentistas, Atl fue el primero en hablar de un arte nacional que debía participar de la lucha revolucionaria, de un arte monumental y de acceso público, y además, fue el primero en aconsejar el trabajo en equipo.

Como prueba de la rica diversidad reinante en Latinoamérica, figura una pequeña pintura de Kahlo realizada en Nueva York en 1933, mientras Rivera pintaba el mural del Rockefeller Center. Un vestido que representa la omnipresente subjetividad de Kahlo domina el cuadro, y la visión de las filas de desocupados que rodean la pujante ciudad, ostenta la escala diminuta que adquiere el hombre en medio de los altos edificios. También fue pintado en EE.UU. «Casamiento indio», el nostálgico y romántico retrato de una joven pareja autóctona de Alfredo Ramos Martínez.

Leonora Carrington, Leonor Fini y Remedios Varo conforman un grupo surrealista donde se destaca la fantasía de «Papilla estelar», una pintura de Varo. En lo alto de una torre y en medio del cielo, hay una mujer con una máquina de picar que alimenta la luna con polvo de estrellas. La excelente pintura de Lam es una síntesis de la cultura afrocubana y de los años de formación en Europa bajo la influencia de Picasso, que apreciaba su esencia primitiva. La obra de Matta realizada en 1942, pertenece a la mejor etapa del surrealista.

Del mexicano Agustín Lazo se exhibe «Los remedios», la bellísima imagen de un caballo azul que sobrevuela un paisaje de ensueño. La sensibilidad del venezolano Armando Reverónse extiende desde la levedadde su pintura hasta el marco, conformado por un denso tejido de ramas que rodea como una balsa un puerto casi abstracto. Una figura fantasmal de Manuel Rodríguez Lozano, un pálido rostro enmarcado en un rebozo blanco, delata la melancolía y las alteraciones psicológicas del artista.

Mientras las mujeres de Cordelia Urueta evocan las figuras del arte griego y las pinturas de Gauguin, las figuras campestres de Figari surgen de su incontaminado imaginario arraigado en América.

Las obras de Joaquín Torres García, Jesús Soto y, entre otros, los argentinos Alfredo Hlito, Luis Tomasello y César Paternoso, ponen en relieve la producción de los artistas abstractos. A esta presencia argentina se suma un paisaje de Antonio Berni y una pintura de la etapa neo figurativa de Rómulo Maccio. En suma, se trata de una exhibición que se completa con la firma de Tamayo y una inmensa Santa Rosa de Lima del infaltable Botero, que brinda un breve pero significativo panorama de la región.

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