10 de abril 2003 - 00:00

"LEJOS DEL PARAISO"

Julianne Moore y Dennis Haysbert
Julianne Moore y Dennis Haysbert
«Lejos del paraíso» (Far From Heaven», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir. y guión: T. Haynes. Int.: J. Moore, D. Quaid, D. Haysbert, P. Clarkson, C. Weston.

E l melodrama norteamericano, muerto y enterrado hace varias décadas, cada tanto es homenajeado por directores de todo pelaje (Rainer Werner Fassbinder, incluso Quentin Tarantino, sin olvidar a Pedro Almodóvar, claro). Pero Todd Haynes («Velvet Goldmine») decidió resucitarlo con todos sus elementos, vale decir, con los riesgos que eso implica en estos tiempos; y lo logró superlativamente.

Para eso, tomó como base principal una película de su admirado Douglas Sirk, «Lo que el cielo nos da» (1955), donde la viuda Jane Wyman escandalizaba a sus parientes y vecinos enamorándose de un hombre más pobre y, sobre todo, más joven (Rock Hudson). Aunque Haynes también reconoce como fuentes de inspiración otra obra de Sirk, «Imitación de la vida» (1959), y «Almas desnudas» (1949) de Max Ophuls, «Lejos del paraíso» es una puntillosa remake de «Lo que el cielo nos da», sólo que con el agregado de dos temas apenas rozados en el cine de esa época: la homosexualidad y las relaciones interraciales. Así y todo, y aunque parezca mentira, sigue siendo una remake puntillosa.

En la clase media alta de Hartford, Connecticut, 1957, Cathy Withaker ( Julianne Moore) brilla como ama de casa modelo, amante esposa del exitoso Frank ( Dennis Quaid), madre dedicada y persona amable hasta con la servidumbre negra, cosa que los miembros y la revista de sociales de su comunidad toman, en principio, como una simpática excentricidad. Igual que las hojas del otoño -fotografiado por Ed Lachman exactamente como en los melodramas de entonces-, las apariencias de la vida de Cathy empiezan a caer cuando sorprende a su marido besándose con otro hombre una noche en que ella tiene el dulce impulso de llevarle la cena a la oficina.

Mientras guarda silencio sobre el episodio, comprende el sufrimiento del pobre Frank y hasta lo lleva al psiquiatra (que entre otras cosas sugiere al «paciente» un tratamiento de electroshocks), Cathy se refugia en la amistosa compañía de su jardinero (Dennis Haysbert, el presidente negro de la serie televisiva «24 horas»). Con eso desata la maledicencia provinciana de su entorno, el rechazo de negros y blancos, además de la ira de Frank, quien olvidando momentáneamente su «problema», la acusa de poner en peligro la reputación de la familia. Y todavía le faltan muchos sinsabores que padecer y sueños que sepultar.

Al contrario de lo que muchos pensaron al ver esta película (el director tuvo que negarlo repetidas veces en entrevistas), la mayor audacia de Haynes es que al recrear el estilo de Sirk, no se permitió una mirada irónica sobre lo que pasa, sino que se lo tomó todo muy en serio. Es más, la suya tampoco es una mirada «moderna», léase esos anacronismos insertados en las películas de época para actualizar y «resignificar» sus temas. Ni falta que hace, por otra parte, teniendo en cuenta que hoy en varios estados norteamericanos (por no hablar de sociedades «más atrasadas» del mundo) todavía se discute la despenalización de la homosexualidad, y recién estos días la Corte Suprema de EE.UU. prohibió al Ku Klux Klan quemar cruces para intimidar a la población negra. O de color o afroamericana como manda la corrección política según las épocas.

Justamente, si
«Lejos del paraíso» logra impactar emocionalmente es porque el director respetó al pie de la letra cada detalle del estilo -estereotipado, teatral, poco «realista»- que recrea. Lo que incluye su inteligente guión, la música de Elmer Berstein, la fotografía del citado Lachman, el vestuario, la escenografía, y, por supuesto, la magnífica Julianne Moore, una vez más una señora de los años '50, como en «Las Horas», pero extraordinariamente distinta.

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