9 de marzo 2004 - 00:00
Litigan por un Klimt saqueado por los nazis
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Obra de Klimt
«Las pinturas pertenecieron a la familia de la señora Altmann hasta que los nazis se las robaron», dice el abogado de Altmann, Randol Schoenberg. «El gobierno austríaco debe regresarlos a sus legítimos propietarios».
David Bederman, experto en leyes internacionales de la Universidad Emory de Atlanta, dice que la decisión del tribunal podría ser decisiva en casos que involucran el comportamiento de gobiernos extranjeros y sus agencias en la Segunda Guerra Mundial. «Hay cientos de personas que están tratando de lograr justicia por lo que les fue hecho a sus familias durante la guerra», dice Bederman. « Frecuentemente, su mejor -y en ocasiones su única- oportunidad de recibir un juicio justo es un tribunal estadounidense».
Las raíces del caso se remontan a la época del principio del siglo XX, cuando Ferdinand Bloch-Bauer, un acaudalado magnate checo dedicado al comercio de azúcar, encargó a Klimt que pintara un retrato de su esposa, Adele. Dos pinturas -»Adele Bloch-Bauer I» y «Adele Bloch-Bauer II»- fueron el resultado de varios años de bosquejos producidos por el famoso pintor, quien contribuyó a fundar el movimiento artístico de la Secesión de Viena.
Antes de morir en 1925, Adele-Bloch-Bauer tenía seis obras de Klimt en su mansión en Viena. En su testamento, ella pidió que, a su muerte, su esposo donara las pinturas a la Galería Nacional de Austria.
Pero, cuando los nazis invadieron Austria, Ferdinand, temiendo ser detenido porque era judío, huyó del país, dejando tras de sí todas sus pertenencias, su mansiónde Viena y su castillo de veranocerca de Praga. Con el tiempo, se radicó en Zurich. El castillo de Ferdinand se convirtió en la posesión personal de Reinhardt Heydrich, el arquitecto de la llamada Solución Final.
Los nazis confiscaron las pinturas de Klimt, entre otras valiosas posesiones de la familia. Irónicamente, decidieron exhibir el retrato donde el testamento de Adele había pedido: la Galería Nacional de Austria en Viena. Cuando Ferdinand Bloch-Bauer nurió, en la más absoluta miseria en 1945, dejó un testamento en el que revocaba todos los anteriores y cedió todas sus propiedades a un sobrino y dos sobrinas, una de ellas Maria Altmann, quien huyó de Austria en 1938 y se asentó en Holanda con su esposo. Más adelante emigraron a Estados Unidos en 1945, para finalmente vivir en Hollywood. El gobierno austríaco, no obstante, decidió acatar sólo el testamento de Adele Bloch-Bauer y conservar las pinturas en la Galería Nacional de Austria.
Después de fracasadas negociaciones con el gobierno austríaco, Altmann presentó una demanda en la Corte Distrital de Los Angeles en 2000, y dijo que las pinturas fueron arrebatadas ilegalmente a su familia en violación de la Ley de Inmunidad Soberana Extranjera de 1976 (FSIA, por sus siglas en inglés). Esa ley estadounidense permite demandas legales contra naciones extranjeras en los casos en que alguna propiedad fuera decomisada en violación de las leyes internacionales.
El gobierno austríaco trató de que el caso fuera descartado sobre la base de que los gobiernos extranjeros típicamente son inmunes a ser demandados en los tribunales de Estados Unidos.



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