31 de marzo 2003 - 00:00

"Los canales son dueños de elegir al actor que quieren"

Los canales son dueños de elegir al actor que quieren
"Se critica a menudo que son siempre los mismos actores quienes trabajan en la televisión, pero la TV es un medio privado y no se puede exigir a los dueños de los canales que contraten gente que no conocen porque el rating y la publicidad mandan. Si hay un lugar donde los actores deberían quejarse es en los teatros oficiales, donde también trabajan siempre los mismos".

Quien lo dice es el activo Gabriel Goity, que no se queja pues trabaja por partida doble en TV y en teatro. Dialogamos con Goity, quien inició hace poco en TV «Femenino Masculino» (lunes a las 22, «Canal 9»), donde se tocan temas como la homosexualidad y las drogas, y en teatro hace «Adentro!», que está por cumplir las 50 representaciones.

También se habló sobre las condiciones del trabajo del actor en la Argentina devaluada, a lo que respondió: «Sigue siendo tan difícil como siempre. Hay más ficción en televisión pero no soy partícipe de esa política tonta «Somos actores, queremos actuar», me parece una estupidez. Se les echaba la culpa a los mediáticos y es perder el tiempo. La televisión no es propia de los actores, es propiedad de sus dueños y tienen la libertad de poner a quien sea en la pantalla, porque no dice nada en la Constitución de que haya obligación de hacer televisión. Sí hay obligación de hacer teatro si uno es actor, entonces mejor protesten en el San Martín o el Cervantes que son teatros del Estado. La ficción tiene que ser por excelencia y no por decreto. Esa actitud de «dame trabajo porque soy actor» no la comparto, otros serán carpinteros o arquitectos y se tienen que matar del mismo modo para conseguir trabajo.

Periodista:
¿De dónde viene su visión crítica de los teatros oficiales?

G.G.: Cuando yo no tenía espacio en los teatros del Estado trabajaba en parrillas, plazas y pasaba la gorra en pequeñas salas. Nunca esperé que me llamaran, y si no trabajaba en el San Martín o el Cervantes, trabajaba en la calle.


P.:
¿En qué radica la novedad de «Masculino Femenino», otro programa que pone la homosexualidad como eje?

G.G.: El tema de las orientaciones sexuales ya las abordó Plauto hace 3 mil años, no hemos inventado nada. Me llama la atención que siga siendo novedoso. Evidentemente seguimos teniendo un problema muy grande con la homosexualidad, o con todo lo que sea diferente. Mi teoría es que realmente somos muy discriminadores, tanto el heterosexual del homosexual como las comunidades gays de los heterosexuales.


P.:
Entonces, ¿en qué se diferencia este programa de otros que tematizan las orientaciones sexuales?

G.G.: En otros son más prejuiciosos, al tema gay lo ponen como vedette o lo critican. En este ciclo lo ponemos como es, natural. En otros programas quizá hay un gay, y está más estereotipado. Aquí son personajes más normales, como la vida.


P.:
Sin embargo en la promoción se enfatizaba que su mujer lo dejaba por otra mujer, como si la homosexualidad fuera la novedad.

G.G.: Cuando tienen que venderlo se hace así aunque el tema de que mi mujer me deje por otra es novedoso, no lo he visto mucho en televisión. Otra diferencia es que nosotros ponemos como prejuicioso al heterosexual y cuando mostramos a los de orientación homosexual, tienen una conducta más complaciente, aceptan, manejan el diálogo, mientras el heterosexual tiene la peor parte, es el básico.


P.:
El año pasado se habló de la TV homofóbica.

G.G.: Creo que es al revés, que la televisión es muy gene-rosa en eso y que los transexuales tienen una constante participación en los programas. En todos los ciclos hay homosexuales, transexuales y lo gritan a los cuatro vientos. Creo que podemos decir muchas cosas de la televisión, menos que es homofóbica.


P.:
¿Qué opina de la calidad de la televisión?

G.G.: La televisión es un entretenimiento, me parece un medio maravilloso, y al que no le guste que la apague. Se juzga a la televisión como si estuviera implementada en la Constitución Argentina, y no es una obligación verla.


P.:
Sin embargo, por las críticas que despertó la televisión basura, el Comfer implementó el año pasado un nuevo régimen de contenidos.

G.G.: Hay horarios y horarios, nada más. Después le cabe el cascabel tanto a transexuales, heterosexuales u homosexuales. Que haya un tran-sexual a las 3 de la tarde no me molesta, lo que sí me puede molestar es que comente su actividad sexual o que un heterosexual cuente una fellatio a las 5 de la tarde. No tiene que ver con la orientación sexual sino con el buen gusto. Nada más. Pasa por reglas de convivencia y tener responsabilidad de que hay horarios y horarios. La televisión basura sirve para que uno se dedique a los libros.


P.:
¿Pero debería ser así o habría que ir limpiándola para que un chico pudiera ver televisión a las 5 de la tarde?

G.G.: Soy partidario de que el chico se críe más en la calle, los juegos, haciendo deporte y leyendo. Y como también tienen ganas de ver televisión, un poco de eso no está mal. Es una irresponsabilidad que un padre deje encendido el televisor y el chico vea cualquier cosa. Así como se cuida que el chico no cruce la calle y lo atropelle un coche, también hay que cuidar lo que mira en televisión. Tengo muchos amigos que no dejan ver la TV a sus hijos y tienen derecho. Yo tengo la teoría de que les ponen la televisión para sacárselos de encima, una especie de «no molestes, te pongo el chupete electónico». Si tenés un hijo cuidalo. Es mucho más fácil leer el diario y quejarse de los programas desastrosos. Si al chico se le rompió la cabeza no es porque la televisión sea una porquería sino porque el padre es un irresponsable.

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