16 de septiembre 1999 - 00:00

"LOS IDIOTAS"

L a ocurrencia de un grupo de jóvenes ociosos de hacerse los idiotas para probar reacciones propias y ajenas es el tema de este otro ícono del «Dogma 95» que tan bien debutó en Buenos Aires con «La celebración». Como esta última, está filmada dentro de los códigos del voto de castidad que exige el movimiento nacido contra Hollywood y ya abandonado al menos por sus padres fundadores (Lars Von Trier, el director de «Los idiotas», y el de «La celebración», Thomas Vintenberg), pero en el caso abrazándolos con más ciega reverencia.
Lo que significa que, salvo el pecadillo de poner música de Saint-Saëns acompañando algunas imágenes, la «pureza» es tanta que el espectador termina mareado por el traqueteo de la cámara en mano, así como puede ver perfectamente al camarógrafo en una escena caótica y apreciar los saltos de continuidad propios del video casero. Como broche de oro, verá también un coito anal real en primer plano, ya que las normas indican que nada debe ser trucado (por eso no se filman asesinatos, por ejemplo).

 Experimento

Con el experimento a la vista todo el tiempo, a diferencia de «La celebración», este film resulta más interesante que profundo o revelador. Mirando desde ese punto de vista se percibe al director obsesionado por las paradojas de la normalidad que ya se conoció en «Contra viento y marea», a unos actores admirables que convencen de su idiotez hasta que demuestran lo contrario, y hasta algunas verdades.
El comportamiento de los falsos idiotas muchas veces demuestra no ser tan falso: cada uno tiene su brochecito ni bien se le pulsa la tecla adecuada. Como en toda secta (¿qué otra cosa es este rebaño de rebeldes sin mucha causa?) hay un líder que de tanto oponerse a las reglas «burguesas» termina por sintetizarlas a todas en sí mismo.
El mayor acierto es, sin duda, el registro de las reacciones de los normales frente a lo diferente aún en tiempos de corrección política. Porque si bien los idiotas prueban la buena conciencia de los circunstantes de todos los sitios en los que se presentan a hacer sus idioteces, los más perturbados son ellos mismos cuando son visitados por un contingente de downs en serio.

 Examen

La dulce Karen, la única que adhiere al grupo sin acatar sus dogmas, pero también la única que las pone en práctica donde sí importan: frente a sus seres queridos, podría ser el alter ego de Lars Von Trier.
El también dio su examen de «inocencia» cinematográfico con
«Los idiotas» y ahora ya puede, como está haciendo, filmar una película «normal» de 14 millones de dólares, y «fuera de esa locura del Dogma», como dijo Catherine Deneuve, cuando fue llamada a protagonizarla.

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