Los museos pospandemia y un replanteo

Espectáculos

¿Pueden los extranjeros conducir la política artística de una institución?

Los encuentros presenciales del mundo del arte se multiplicaron en los últimos días. El Malba celebró sus 20 años con la muestra del uruguayo Rafael Barradas y un almuerzo cuyo recuerdo perdura todavía. Luego del extenso confinamiento, gestores culturales, críticos y amigos del Museo encontraron el momento ideal para preguntar por la partida inesperada de la directora artística del Malba. La venezolana Gabriela Rangel que se llevaba el mundo por delante, venía de dirigir la American Society de Nueva York, asumió en 2019 pero aún le faltaban dos años para cumplir su contrato. Antes de la partida de Rangel renunciaron las curadoras, Victoria Giraudo y Florencia Malbrán; esta última, a cargo de los Programas Públicos fue reemplazada por Santiago Villanueva. En el encuentro quedó a la vista el aprecio que la gente del museo siente por la nueva curadora en jefe, Marita García. Pero el staff del Museo se completará con el nombramiento de un nuevo director artístico y existe la posibilidad de que en Malba se vuelva a nombrar un extranjero.

Así se mencionaron las experiencias positivas con el mexicano Agustín Arteaga, que antecedió al español Agustín Pérez Rubio y a la venezolana Rangel. “Basta recordar la exhibición “Verboamérica”, politizada al extremo de olvidar a Tarsila y a Frida Kahlo, para comprender que Pérez Rubio nunca entendió que el arte político y el de género no son el fundamento del Malba”. Más allá de las cuestiones y gustos personales, también presentes, todos coincidieron al afirmar que el curador Marcelo Pacheco supo conducir la gestión más exitosa. “Sencillamente -argumentaron- los extranjeros desconocen la complejidad de la escena local”.

El tema de la charla trascendió esa mesa y prosiguió en un chat. Consultado el embajador Sergio Baur, quien durante años tuvo a su cargo la selección de nuestros artistas para los envíos de la Cancillería argentina a las bienales internacionales, respondió: “Pienso que, en la Argentina, al no ser un país central, es importante que las instituciones públicas y privadas reflejen el pensamiento del arte argentino para que sea visualizado en el exterior. Eso sólo lo pueden hacer profesionales argentinos. Nosotros aún debemos hacer muchas relecturas del arte argentino y también proyectar a esos especialistas en otros destinos”.

En este sentido, el crítico, curador e historiador del arte mexicano Cuauhtémoc Medina, plantea una posición eminentemente personal. Cuando hace unos años llegó a la Argentina para organizar un premio, impuso un nuevo criterio. En un país que, como decía Martínez Estrada, tiende a arrancar lo propio para plantar lo ajeno, decidió llamar a los artistas que partieron de la Argentina; su gesto, inédito, no sólo sorprendió: dejó al descubierto una herida abierta. Medina explicó su intención de despertar reflexiones, y así lo dijo: “Estas tensiones de adentro y afuera requieren un examen y revisión. Es necesario el señalamiento de cuál es la posibilidad de que este evento pueda ser absorbido, pase por un momento de reflexión. El artista sabe que existe otro modo de vida, o existió, o podría existir. Sería deseable detectar la importancia que tiene para los argentinos que están fuera del país establecer una conexión. El premio convocó a artistas argentinos que trabajan en la diáspora, a artistas nacidos en otros lugares del mundo que trabajan en la Argentina, a aquellos que han vivido la experiencia del exilio. La cantidad de solicitudes y el peso mayoritario, abrumador, de solicitudes de artistas argentinos trabajando en el extranjero, me sugiere que el país no atiende esta relación. Una vez que los pierde, los perdió”, concluyó, dramático.

¿Hasta qué punto los curadores extranjeros aportan una mirada nueva y amplifican las posibilidades de nuestros artistas cuando asumen las direcciones artísticas de instituciones argentinas? El interrogante se planteó luego de que el historiador del arte y curador porteño, Roberto Amigo, disipara durante una conferencia los nubarrones negros que se cernían sobre la exposición “Santiago García Sáenz. Quiero ser luz y quedarme”, curada por el mexicano Pablo León de la Barra y Santiago Villanueva en el Museo Fortabat. Con un despliegue de sabiduría, Amigo habló de la verdadera dimensión de la fe, dejó de lado la sobrevalorada cuestión del festival queer y la identidad sexual del artista. Remontó la trayectoria de García Sáenz, describió la muestra de 1995 en el Museo Fernández Blanco, habló sobre las obras que atrajeron su mirada. Dejó en claro, además, que, para conocer a un artista conviene saber, al menos, quiénes fueron sus maestros. Finalmente, habló de los viajes al Paraguay, del encuentro con la cultura jesuítica y explicó la identidad extraña de esos paisajes que no son barrocos, donde los edificios de las grandes ciudades se funden con la selva.

“La exposición del Fortabat abrió la discusión sobre la posverdad, antes llamada mitomanía”, aclara Daniel Abate. Se trata de aquellos que, acostumbrados a la fábula, no aceptan o les cuesta aceptar la verdad histórica. No obstante, en la palabra de Roberto Amigó se percibe, a través del conocimiento, la condición irrefutable de la verdad.

Y justamente, el arte de Paraguay, salvo una obra de Feliciano Centurión, no figura en el Malba, un museo dedicado al Arte de Latinoamérica. Roberto Amigo señalò: “Las ausencias en una colección pueden ser tan determinantes como las adquisiciones para comprender el discurso subyacente en la apropiación del término Arte Latinoamericano por una colección, localizada en Buenos Aires”. La propuesta de Amigo consiste en desplazar la mirada para colocarla en un silencio de su patrimonio: el arte del Paraguay, una modernidad descentrada en la que se entrelaza lo erudito y lo popular. El recorrido por la producción artística del Paraguay permitirá conocer la obra de Ignacio Nuñez Soler, Livio Abramo, Carlos Colombino y Olga Blinder; Carlos Reyes, Ricardo Migliorisi; Fredi Casco, Claudia Casarino, Julia Isidrez, Editruris Noguera y otros. La cita es el 27 de octubre.

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