6 de octubre 1999 - 00:00

"LOS ULTIMOS DIAS"

M irandoa cámara,unode los cinco protagonistas de este admirable documental dice: «Hay algo que nunca pude entender. Cuando los nazis estaban derrotados, cuando sabían que ya habían perdido la guerra, su odio contra los judíos y las matanzas continua-ron de la misma manera, y hasta con más intensidad. Ni siquiera en esos últimos días hicieron algo para compensar tanto horror». Sobre esa patología del odio racial está construido el film de James Moll, ganador del Oscar este año. El director, que centra su relato en Hungría, país donde la violencia hitlerista llegó a adquirir tanta o más virulencia que en otros países europeos, reunió las historias de cinco personas que sobrevivieron a los campos de exterminio.Todos ellos son ahora ciudadanos norteamericanos (el papel redentor de los EE.UU. está casi tan subrayado como en la
época de la posguerra, en detrimento de otras fuerzas que también lucharon contra el nazismo), y regresan a su tierra para verla ahora.
En algunoscasos,además,recorren el escenario mismo del horror: uno de los hombres vuelve a pisar, de la mano de su hijo, el campo de Dachau; una de las mujeres puede por fin rezar, con su familia actual, un kaddish en Auschwitz, y otra de ellas -el caso más terrible-, luego de verificar en los archivos de Bergen Belsen la muerte del resto de su familia, entrevista a uno de los «doctores de la muerte», quien le elude las preguntas y declara haber sido «exonerado» por los alemanes por haberse negado a tanta crueldad.

Emotividad

El film carece de golpes bajos aunque le da amplio espacio a historias tan emotivas como estremecedoras: en un caso, el de la mujer que debió tragar y ex-pulsar más de una vez un diamante de su abuela, que logró conservar hasta hoy, o el de la que relata el contacto visual que estableció con su padre prisionero, destruido, camino a las cámaras de gas, o el de la ex prisionera que relata como, en una oportunidad, celebraron un sabba-
th en las letrinas de Buchenwald. La inteligente compaginación de las entrevistas, la interrelación
de los testimonios actuales con las imágenes del pasado, la incorporación de valiosas entrevistas a ex
integrantes del ejército norteamericano son otras de las tantas virtudes del film. El metraje de archivo vuelve a
enfrentar al espectador actual con aquellas imágenes que, no por tantas veces vistas, dejan de seguir
provocando incredulidad; tanta, quizá, como que muchos de los herederos de esa ideología, a
tres meses del siglo XXI, formen partidos políticos, obtengan votos y preocupen a todo el mundo,
como está ocurriendo en Austria, o tengan concurridos sitios en Internet.

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