27 de septiembre 2004 - 00:00

Lula inauguró la 26ª Bienal de San Pablo

Además de ser una extraordinaria vidriera artística, la Bienal de San Pablo demostró, con la presencia del presidente Lula Da Silva, que en Brasil la cultura y el arte son hoy cuestión de Estado.
Además de ser una extraordinaria vidriera artística, la Bienal de San Pablo demostró, con la presencia del presidente Lula Da Silva, que en Brasil la cultura y el arte son hoy cuestión de Estado.
San Pablo - El Canciller de Brasil, Celso Amorim, considera que el ámbito de la cultura es el más adecuado para favorecer la integración de Latinoamérica, y en coincidencia con el embajador en nuestro país, Mauro Vieira, ha centrado el énfasis en Argentina. El público del arte fue el primero en comprender el mensaje que reitera el embajador en múltiples reuniones desde que este año presentó sus credenciales en Buenos Aires. Así, por primera vez más de 300 visitantes de nuestro país arribaron a la 26ª Bienal de San Pablo, la más importante megamuestra de Latinoamérica que abrió sus puertas el sábado con la presencia de Ignacio Lula da Silva.

El Presidente destacó la importancia de esta Bienal, «creada en la década del '50 y la más importante del mundo junto a la de Venecia». Fiel a su cometido, señaló que en esta edición la entrada es gratuita, «porque Brasil ha aprendido que la cultura es un modo de inclusión e integración social».

• Argentina

Sin embargo, el término integración suele volverse pura retórica cuando no existen fondos ni un plan de trabajo para concretarlo, como lamentablemente ocurre en nuestra Cancillería. Pero a pesar de todo, es decir, a pesar a los escasos fondos que se destinan a la Dirección de Asuntos Culturales y a la falta de planes en el área, el envío argentino ocupa un lugar preponderante en San Pablo.

El artista que nos representa, Pablo Siquier, seleccionado por el curador del Malba, Marcelo Pacheco, exhibe dos obras intensas: dos murales en grafito que reflejan la amenzante opresión de las grandes megalópolis. Por otra parte, el curador de la Bienal, el alemán Alfons Hug, que elaboró el concepto que rige la muestra, « Territorio sin límites», ha invitado a los argentinos Jorge Macchi, autor del delicioso aunque angustiante video «Caja de Música», y a Leandro Erlich, que presenta una enigmática instalación, una serie de puertas que desconciertan y a la vez fascinan al público.

La tarde comenzó en el barrio Villa Madalena, en la galería Millan Antonio, con una performance de Tunga, la superestrella del arte brasileño desde los '80, capaz de cortar literalmente la respiración de los espectadores (sobre todo de los distraídos que rozaban los vidrios que pendían, perpendiculares al piso, de un simple broche), y de demostrar la potencia que todavía es capaz de exhibir el arte. Las dos performances de Tunga abordaron un tema difícil (las sensaciones que suscitan las ciencias duras) sin caer en la obviedad del golpebajo, ni el uso de «efectos especiales».

El tema de la Bienal que ocupalos 25.000 metros del imponente Pabellón Ciccillo Matarazzo diseñado por
Niemeyer en el parque Ibirapuera, es el papel que cumple el arte en la sociedad actual. Mientras el mundo pelea por adueñarse de las cosas y ver lo que pertenece a unos u a otros, «el territorio del arte no reconoce jerarquías, todo pertenece a todos, porque nadie pregunta qué es lo viejo o lo nuevo, periférico o central. El arte se sustrae de la histeria y el cálculo de la sociedad actual. Los artistas son contrabandistas de imágenes», aclara Hug.

• Itamaraty

Entretanto, con el objetivo de consolidar la integración, la cúpula de Itamaraty decidió aplicar a las bellas artes el programa «formadores de opinión» que le ha deparado buenos resultados en el ámbito económico y político.

El rótulo, «formadores de opinión», suena casi pretencioso para los argentinos, pero en el contexto de las inmensas aspiraciones brasileñas adquiere otra dimensión. Así, los críticos
María Gainza y Eduardo Villar, las curadoras Victoria Noorthoon (Museo Nacional de Bellas Artes), Karina Granieri (Instituto de Estudios Brasileños), Erica Rubinstein (Centro Cultural Recoleta), Laura Buccellato (Museo de Arte Moderno), Juan Travnik (Fotogalería del Teatro San Martín) y este diario, fueron invitados por Itamaraty a conocer los métodos de trabajo de las instituciones culturales más activas de Rio de Janeiro y San Pablo, y más que nada a escuchar propuestas de intercambio cultural. Pero propuestas firmes, como la que formuló a Noorthoon, el director del Museo de Bellas Artes de Rio, Paulo Herckenhoff, para realizar una muestra que reúna las pinturas de Cándido López, una imponente batalla de la Guerra de la Triple Alianza del acadámico brasileño Pedro Americo y los grabados paraguayos de época.

A diferencia de las invitaciones que los artistas argentinos reciben de los países del Norte, donde suelen demandar que «se acentúe el discurso político» (como denunció el sesentista
Roberto Jacoby), o «que, de ser posible, la factura de las obras no esté muy bien hecha, para poder mirarlas desde un estadio de superioridad» (según afirmó Travnik), Brasil formula una propuesta sin condicionamientos, que en ocasiones incluye financiación. Las puertas están abiertas; la única advertencia estuvo a cargo de la paulista Claudia Bussi, agregada cultural en Argentina: «No hay que olvidar que el camino tiene doble mano».

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