9 de marzo 2000 - 00:00

"MALOS PENSAMIENTOS"

E l comienzo de esta película parece un plagio de «La sartén por el mango», el huis clos de Javier Portales que dirigió en cine Manuel Antín. Cinco amigos (dos son hermanos entre sí) viajan a Las Vegas para celebrar la despedida de soltero de uno de ellos; allí contratan a una prostituta de lujo a la que el más fogoso, en medio de la pasión, mata accidentalmente (la empuja contra la pared del baño y le clava la nuca en un toallero). ¿Qué hacer? ¿Llamar a la policía o no? ¿Asumir todos la culpa o quien menos compromisos familiares tenga? Hasta allí, el parecido con «La sartén...» es asombroso, o descarado.
Pero esa sensación no dura mucho; mientras discuten, entra en la habitación un custodio del hotel que oyó los gritos: negro, corpulento, intimidatorio; sin embargo, como testigo del crimen, va a correr en manos de los amigos la misma suerte que la prostituta (la muerte únicamente, se entiende). Si a esa altura ya hay demasiada sangre esparcida en el piso como para mantener el mismo interés que al principio en temas como la culpa y la responsabilidad, cuando los amigos van a un supermercado para comprar una sierra eléctrica y varias valijas para guardar en ellas lo imaginable, todo interés termina de diluirse. Ahora bien -y esto es lo más asombroso de «Malos pensamientos»: se supone que esta película, de la que se contó una parte mínima, fue hecha para reír, empezando por el debate acerca del orden en que deben ser enterrados los trozos de cuerpos envueltos en plástico (un personaje, judío, dice que no hay que mezclarlos porque el alma no encontraría paz si no reconoce al cuerpo que habitó). A propósito: el guión desliza algunas expresiones racistas sobre judíos y asiáticos, y añade, quizá para reforzar su espíritu humorístico, fratricidio y personajes sin pier-nas que se arrastran sobre sus muñones. Tal vez haya quien encuentre diversión en todo esto y lo considere un ameno ejercicio de humor negro. Si el director (el actor Peter Berg, debutante en la realización) se propuso molestar y fastidiar, puede asegurarse que tal propósito ha sido logrado con creces; «Malos pensamientos», haciendo abstracción de la conciencia que la anime creativamente, tiene muy logradas actuaciones de tres notables intérpretes como Christian Slater, Daniel Stern y Jon Favreau. Son convincentes y hacen patéticamente creíbles las escenas en las que participan, aunque no las hayan escrito ni dirigido. Los actores, en definitiva, cumplen órdenes.

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