4 de septiembre 2001 - 00:00
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María Duval.
P.: Sigamos en Buenos Aires.
M.D.: Ingresé en radio «Mitre», creo que por cansancio (me mandaron los de «Belgrano», hartos de verme en el hall), y luego entré como damita joven en la compañía radioteatral de Narciso Ibáñez Menta, por radio «Argentina». Fíjese qué suerte: al poco tiempo la primera actriz anunció que pensaba casarse, y entonces me empezaron a dar papeles de mayor responsabilidad. Con un sueldo mensual, tocamos el cielo con las manos.
Enseguida nos fuimos a un departamento, e hicimos venir a mamá y mis hermanas. Simultáneamente, Chas de Cruz me hizo participar en un concurso (en el jurado estaban Elisa Galvé y Delia Garcés), y me mandó a ver a dos productores, Carlos Gallart y Miguel Faustin, muy caballeros, que me hicieron ir al departamento de Catalina Bárcena y Gregorio Martínez Sierra, que estaban preparando una versión fílmica de su obra «Canción de cuna».
P.: ¿Usted había visto la versión hollywoodense?
M.D.: No, porque en Bahía veíamos poco cine. La primera película, recuerdo, fue «Murió el sargento Laprida», de Tito Davison, que casualmente iba a trabajar en «Canción...», y con los años también me iba a dirigir. Bueno, voy al departamento, en Quintana y Callao, me hacen recitar algo, y una semana después me mandan a la modista Frida Loos, para hacerme ropa con telas inglesas, un vestuario precioso. ¡Creí que iba a tener un papelito, y me habían asignado el protagónico! Ese papel era para Nury Montsé, pero fíjese qué notable, qué grandiosa fue esta mujer, que cuando le dijeron que preferían que lo haga yo, no tuvo ningún problema, y, al contrario, me dio una gran ayuda. Nos seguimos viendo, durante muchos años.
P.: La gente la quería.
M.D.: «Que venga la pequeña», decía Catalina Bárcena, y todos los días me daba la leche con una yema, me trataba como a su propia hija, que había quedado en otro país (ellos eran exiliados españoles). Rodando esa película me contactaron los de Argentina Sono Film, y enseguida hice de hija de Pepe Arias en «El hermano José», que se rodó después, y se estrenó dos semanas antes, pero en ese momento pasó inadvertida, lo que también fue una suerte para mi carrera.
P.: Que incluyó 21 películas, entre ellas «Su primer baile», «Los chicos crecen», «Novia de primavera», «Cuando florezca el naranjo», «Las tres ratas», «La serpiente de cascabel»... ¿Por qué abandonó?
M.D.: Porque me casé. Trabajé casi diez años intensamente, haciendo también «Tardes de Toddy» por «Splendid», durante cinco años, con Pedro López Lagar, Armando Bo, y otros, y cuando faltó película virgen a causa de la guerra, hice teatro (a los 18 años era cabeza de compa-ñía), y cuando filmábamos... mamá lloraba, porque me levantaba a las seis de la mañana, e iba con la bolsa de agua caliente, porque entonces los autos no tenían calefacción, hasta los estudios San Miguel en Bella Vista, y ahí nunca sabía a qué hora terminaba. Recién hacia 1948, con el sindicato, se impusieron las ocho horas de trabajo, pero se hacía con tanto cariño, que nadie miraba el reloj. En mi última película, «Cita en las estrellas», ganaba 80.000 pesos, a 2,80 el cambio, una buena suma, pero rescindí el contrato. Lo guardaron un tiempo, por si me arrepentía, pero nunca volví a hacer cine.
P.: ¿Nunca la tentaron?
M.D.: Claro, pero ya me había dedicado a mi marido y mis hijos. Hace poco me trajeron una propuesta, dije que no iba a ser buena, y no me equivoqué. Son años.Y uno no debe equivocarse, no hay que engañarse en gastar dinero con algo que no va a interesarle al público. Recurren a los créditos del INCAA, pero no hay que abusar. Son dineros públicos. Yo no tuve adolescencia. Empecé a vivirla recién cuando me casé. Nos fuimos siete meses de luna de miel, en barco hasta Canadá, y ahí en auto por Canadá y Norteamérica, y luego Cuba, México, y volvimos porque ya estaba embarazada. Siempre viajamos, por los negocios de mi marido. Conozco Florencia como si fuera mi barrio. Y también Rusia, Japón, y estuvimos nueve veces en Irán, la última vez cuando los ayatollah estaban echando al Sha de Persia. ¡Escapamos en medio de los tiros, en un avión de Air France que debió despegar a oscuras! Bueno, el matrimonio, la vida de familia, ha sido otra etapa, muy linda, feliz. No la cuento mucho porque no queremos hacer alarde.
P.:Y eso que, según dicen, su representante los estafó.
M.D.: Nos dejó un «buen recuerdo», sobre todo a mi marido, que tuvo que pagar los impuestos atrasados. A poco de casarnos, este hombre falleció, la DGI entró a revisar, y nos encontramos con la sorpresa. Por eso, a los que dicen «no necesito representante», yo los felicito.




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